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Calvino frente a Melanchton
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 Article publié le 14 mai 2017.

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I CUADRO

 

Escenario.- Dos grandes poltronas, donde Calvino y Melanchton están sentados a la luz de una fogata.

Al abrirse el telón, Melanchton está negando con la cabeza, como si quisiera acallar la voz de Calvino.

 

Melanchton.- ¿Es suficiente querido hermano, pensar en su fe como medio de salvación ?

¡Increíble ! ¡La Carta de Santiago nos afirma que la fe sin obras, es muerta ! 

 

Calvino.- Es innegable que la salvación requiere de una evidencia clara de su sustancia.

 

Melanchton :- ¡Me da la razón !

 

Calvino.- Sin embargo, la fe sola es suficiente para salvar el alma.

 

Melanchton.- ¿Entonces por qué Santiago, el mismo hermano del Señor, insistía en este punto ?

 

Calvino.- Si durante la vida no das muestra de tu profesión de fe teniendo ocasión para hacerlo, esto sería una muestra de que no es un alma salvada.

 

Melanchton.- ¿Cree entonces, digno representante ginebrino, que una persona solo se salva con su fe ?

 

Calvino.- En la Institución de la Religión Cristiana así lo afirmo.

 

Melanchton.- ¿Dónde quedaría el énfasis de San Pablo al decir que las obras son preparadas por el Señor, de antemano ?

 

Calvino.- Para no dar gloria al hombre

 

Melanchton.- Pero muestran al salvado.

 

Calvino.- En efecto

 

Melanchton.- Lo muestran pero no lo califican.

 

Calvino.- ¡Exacto !

 

Melanchton se sorprende e intenta decir algo. Se contiene, mientras Calvino le observa con vivo interés.

 

Melanchton.- La fe sin obras es muerta, no implica que las obras salven a nadie.

 

Calvino.- ¿Lo comprende usted ?

 

Melanchton.- Voy entendiendo su idea, pero tengo mis dudas.

 

Calvino.- ¿Puedo ayudarle a disiparlas ?

 

Melanchton.- Es que son tantas…

 

Calvino.- No se preocupe…

 

Melanchton.- ¿Qué le parece si continuamos mañana y ahora tomamos una infusión ?

 

Calvino.- De acuerdo.

 

Y Melanchton, haciendo sonar la campanilla, llama a un sirviente que está al lado de la cortina, y en cuanto este aparece, cae el telón. 

 

 

II CUADRO

 

Melanchton se le observa meditabundo. Está sentado en una poltrona. Al abrirse el telón está solo.

 

Melanchton.- Sin duda, Juan Calvino alabaría la exactitud de mis esfuerzos en mi obra “Lugares comunes de la teología”.

 

Melanchton se pasea por el cuarto, sumido en profundas reflexiones. Tiene un rollo de pergamino en la mano.

 

En ese momento, Calvino entra por un costado, y quedan frente a frente.

 

Calvino.- ¿Qué le confunde querido hermano ?

 

Melanchton.- Más bien, quiero poner mis pensamientos en orden.

 

Calvino.- No temo verle equivocado, confío en sus juicios.

 

Melanchton.- Es que me he dado cuenta de sus esfuerzos. Al principio pretendí confundirle con lo de las obras y la fe, pero me ha respondido acertadamente.

 

Calvino.- Así que usted no tenía dudas sobre las buenas obras, eran su forma de probar mis tesis.

 

Melanchton.- Me da gusto saber que lo comprende.

 

Calvino.- Entonces, ¿cuál es el motivo de su preocupación ?

 

Melanchton.- Recuerde que creo mucho en el debate, que es una de las formas mejores para discutir y exponer los puntos de vista… El asunto es más bien distinto.

 

Calvino.- ¿Algo más le preocupa ?

 

Melanchton.- En efecto…

 

Calvino.- ¿Puedo saber su pregunta ?

 

Melanchton.- Como usted sabe yo creo en la educación como un medio de reforma.

 

Calvino.- Yo apoyo la educación como un modelo de liberación espiritual.

 

Melanchton.- Entonces es humanista como Erasmo de Rotterdam.

 

Calvino.- He disentido de Erasmo, aunque apoyo su diatriba, ¿cómo la intituló ?

 

Melanchton.- Elogio de la Locura.

 

Calvino.- Libro con dosis de argumentos intensos.

 

Melanchton.- Entonces, no cree en la superioridad del conocimiento

humano.

 

Calvino.- A la luz de las Escrituras, debo admitir que el hombre sin Dios está fuera de todo conocimiento.

 

Melanchton.- El conocimiento del Altísimo es la inteligencia, dice la Escritura.

 

Calvino.- De ahí que todo conocimiento sin la luz de Dios, no es conocimiento.

 

Melanchton.- Creemos entonces en una humanidad privada del entendimiento.

 

Calvino.- Todas las ciencias comienzan y terminan con Dios.

 

Melanchton.- Mi pensamiento es ver hasta qué tanto puede el hombre comprender su estado amorfo, con una mente caída.

 

Calvino.- No puede captar lo espiritual, pero si su entorno natural, por eso busca explicaciones que excluyen a Dios.

 

Melanchton.- Sin embargo, Dios le provee de una inteligencia que le permite desarrollar instrumentos y equipos.

 

Calvino.- La inteligencia ha permitido al hombre crear maquinas como la imprenta de Johannes Gutenberg…

 

Melanchton.- Usted aporta claridad a mis pensamientos.

 

Calvino.- Me honra con sus opiniones sobre su humilde servidor.

 

Melanchton.- ¿Ha leído usted mis escritos ?

 

Calvino.- Soy uno de sus lectores más fieles

 

Melanchton.- Le agradezco profundamente… ¿Tendría el honor de que me acompañara a mi próxima disertación en Wittenberg ?

 

Calvino.- El honor será mío…¿Nos vamos ?

 

Melanchton.- Enseguida…

 

Y juntos salen de escena. Cae el telón, terminando la obra.

 

 

 Chetumal, Quintana Roo, 23 de Julio de 2014, 11:23 AM

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