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Las palabras hechas de aire
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 Article publié le 31 mai 2020.

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NOTA

He contestado un cuestionario que han elaborado en la sede de Milán del Istituto di Storia dell’Europa Mediterranea, del Consiglio Nazionale delle Ricerche, sobre el valor del arte en este tiempo ante el Covid-19. He visto luego, al contestarlo, que era muy conciso. Allí mis colaboraciones y encuentros con Giuseppe Bellini. Me escriben sus colaboradores. Y les dije que por supuesto lo contestaría. He visto luego, como digo, que era muy escueto. La última pregunta es si te ha ayudado el arte en este tiempo, o piensas que puede ser una ayuda, algo a lo que agarrarse o así lo ha sido para ti, y/o de qué modo. La última pregunta es algo así -el cuestionario es digital y desaparece cuando lo envías, y no puedo ir a buscar su exacto enunciado. Sí recuerdo con exactitud la manera en que la he contestado. He respondido : De modo absoluto, definitivo. Es una respuesta muy escueta pero también muy contundente, y quizá en su firmeza, en la contundencia de lo que dice, le encaja y le permite no tener más explicaciones. Leo en Joubert que el poeta es absoluto. Leo más cosas. Leo a este ligero y alado, secreto pensador francés que tanto me gustó cuando lo descubrí y en el libro en que lo descubrí. Porque estoy pensando en cosas y libros que leer y releer. Que me acompañen. Siempre releo libros que me gustan mucho -me llevo algunos de éstos para ello los veranos, creo que lo he dicho. Los busco porque los necesito y porque es por completo sincera mi respuesta a mis amigos de Milán. El modo en que necesito el arte y pienso que es una tabla de salvación para la vida, y que aún lo es más en tiempos difíciles y duros, es, como he contestado, absoluto, definitivo. Así el pensar y el buscar qué leo, también el estar abierto a lo que se me aparece. “Todo lo que es ligero no está sujeto a las leyes”, leo en Joubert, y así es en el arte, para el que no caben designios o se deshacen. Pensé en Joubert el otro día. Lo leí primero en este libro que leo. Veo que está fechado el 28 de abril de 1995, es decir, al día siguiente de mi cumpleaños. Debí regalármelo a mí mismo. Y fue un regalo -porque fue un hallazgo. Nos advierte de él y nos prepara y hace entrar bien en su misterio Carlos Pujol, que lo tradujo por primera vez al castellano y lo prologó y cuidó la edición con acierto. Leí luego íntegros sus pensamientos, años después, y los disfruté, pero nada vuelve o sustituye a ese primer temblor que da su conocimiento. En este libro los leí, de este libro algo cité y por él me referí a Joubert en mi intervención en la Maison de l’Europe de París el 25 de marzo de 1999. En este libro leí los testimonios finales que en él se encuentran acerca de su valor. Elias Canetti dice de él : “Joubert, el más ligero, tierno y para mí más querido de los moralistas franceses”. El sucesivo conocimiento de los autores de esta escuela -escuela, en los mejores, sin escuela- me ha hecho pensar que puedo compartir este juicio. Y mi juicio respecto a Canetti privilegia su escritura en este sentido. Creo que sus anotaciones son maravillosas. Son sus cuadernos de apuntes, en esta tradición francesa, lo que constituye una aportación indiscutiblemente perdurable. Este español antiguo, como en una de estas notas se llamó y pensó así en él mismo, este sefardí escribió en lengua alemana una aportación de primer orden a esta escritura que nace en Francia. De Francia, tantas cosas. Y libertad para el pensar y las palabras. Un escritor completamente francés, el catalán Josep Pla, consciente por ello de ser un escritor singular en este país, nos dice (lo leo también en los testimonios finales que se encuentran en este libro) que un escritor así es impensable en estas latitudes. Pero lo que no es posible no es francés, como dice el dicho, ni lo que no es pensable, añado. Ni francés ni del hombre. Nos lo dice esta escuela del pensar. Del pensar y el escribir. Que une el pensar y el escribir. Todo esto lo sé. Lo sabemos. Pero lo vuelvo a saber cuando empiezo a leer a Joubert. Quiero apuntar algunos de los primeros pensamientos suyos que en este libro leo, y escribir una nota. Quizá sólo escribo notas, un gran diario es lo que escribo y que el impulso secreto y escondido sea éste en la raíz de mi escritura lo que unifica y da coherencia a ésta en sus diversas, quizá algo aparentes formas. Escribir una nota a raíz de estos escritores de notas y que denote mi gusto por los mismos quizá así aún más lo aclare. Voy con los pensamientos de Joubert. Escojo éstos : “¿Queréis conocer el mecanismos del pensamiento y sus efectos ? Leed a los poetas. ¿Queréis conocer la moral, la política ? Leed a los poetas. Profundizad en lo que os agrada en ellos : es la verdad” ; “Lo que hace que las aguas sean consoladoras es su movimiento y su limpidez” ; “El pensamiento se forma en el alma como las nubes en el aire” ; “La melancolía consiste en una cierta fluidez de los sonidos deslizantes y dulces, como la miel a la que debe su nombre” ; “En sus escritos, este hombre nunca está a solas consigo mismo” ; “Todo lo que tiene alas está fuera del alcance de las leyes” ; “Escribir está más cerca del pensamiento que hablar” ; “Para vivir se necesita un poco de vida. Pero se requiere mucha para amar” ; “Que no se permita saber lo que no está claramente expresado” ; “No elevéis lo que es frágil, es decir, no lo expongáis a que caiga” ; “Al menos mi voz te sigue. Ojalá te alcanzase” ; “Esto es el desierto. En este silencio todo me habla ; y en vuestro ruido todo se calla” ; “Alma. Es un vapor encendido que arde sin consumirse. Nuestro cuerpo es su linterna” ; “Hay que reconocer las propias tinieblas” ; “”Dios es el lugar en el que no me acuerdo de todo lo demás” ; “Nunca es lícito despojarse de la cortesía para luchar” ; “Hay que tener los sentimientos cerca del corazón”. Y ahora la nota que quería escribir a raíz de releer a Joubert ya está escrita.

 

Barcelona, 12 de mayo de 2020

 

 

LA TARDE. LAS PALABRAS DE JOUBERT.

El aliento escondido de las cosas,

el susurro del pensar. Rumor

de las hojas de los árboles,

rumor de palabras, música

oculta y encontrada tras

las formas, las formas acechadas

y lo que adivinan y descubren.

La tarde. Las palabras de Joubert.

La música escondida que habíamos

dado por olvidada y en los pensamientos

y las palabras otra vez nos llega.

 

Barcelona, 13 de mayo de 2020

 

 

EL AIRE, EL AIRE QUE VEO Y SIENTO A TRAVÉS DE LOS VENTANALES

en una tarde que es algo triste -gris con cierta lluvia-,

y algo triste es también el aire por sólo verlo y sentirlo

desde dentro de casa y no poder pasearlo y gozarlo

a pleno pulmón, a pulmón libre el aire libre, y también

venas adentro. Paseos. Pasear por las calles de una ciudad

y así sentir su verdad, porque es una de las maneras más ciertas

de respirarla y tomarle el puslo y la temperatura, lo que nos permite

acercarnos quizá más a su verdad. Aire, aire triste. Y palabras.

Palabras con que sentirlo y con que decirlo, hacer que nos acaricie.

Las palabras llenan de aire este poema.

 

 

“CUERPO A LOS VIENTOS, Y A LAS PIEDRAS ALMA” (LUIS DE GÓNGORA).

Esto es lo que ha de hacer el poeta”. Leo este pensamiento de Joubert,

que pienso verdadero. Busco la nota a la que remite el número

al final del verso de Góngora y me dice lo que pensaba,

esto es, que está en castellano en el original. Lo indicaba

la letra cursiva. Revivo y me agradan y me hacen pensar

muchos pensamientos de Joubert. En éste se encuentran

las dos lenguas, castellano y francés, el castellano de un poeta cordobés

junto a un pensamiento en francés que asegura que esto es lo que ha de hacer

la poesía, tal lo expresa el verso del poeta. Me llaman y llegan

muchos pensamientos de Joubert, pero me detengo un momento

en el lugar de encuentro que hay en éste, porque lo encuentro muy bello,

y el sentimiento que me produce me hace decirlo en un poema.

 

“EL MUNDO ES UNA GOTA DE AIRE”. MUCHOS, SÍ, SON LOS PENSAMIENTOS DE JOUBERT

que me llaman, lo he dicho, pero siento que éste enuncia mi deseo más profundo

de estos días, mi convicción de que así es, mi necesidad

de que así sea. Amén. Amén a este pensamiento. Encontrado en un libro,

pero que está hecho de aire, y de vida. Que respira. Estos pensamientos

respiran. Tres pensamientos antes he encontrado éste :

“¡Ay ! Los librso nos proporcionan nuestros mejores placeres, y los hombres,

Nos causan nuestros dolores más grandes. Es duro decir una cosa así”.

Y encuetnro luego este pensamiento que es como una iluminación

y una ráfaga de aire puro que quiebra la oscurdad cerrada :

“El mundo es una gota de aire”. Sí, así sea, así es. Así

me lo encuentro en un libro hecho de aire y de vida. A veces

así los libros, por la gracia y el don de las palabras con que están hechos,

en los que el espíritu sopla, sopla en el aire. Y en el aire

la vida, el mundo, las palabras, lo que queremos.

 

 

LEO TAMBIÉN ANTES EN JOUBERT : “EL MAYOR INCONVENIENTE DE LOS LIBROS NUEVOS

es que nos impiden leer los antiguos”. Y entre unos y otros

me debato estos días. Qué me hará más vivir, me darán

más sombras o dicha, me acercarán a la vida, sentirla en su aire

y sus raíces. Y justo después de este pensamiento leo este otro :

“Libertad. La libertad de hacer el bien. No se necesitan otras”.

Creo que no hay más alta verdad. También con esta libertad

busco las palabras y los libros. Y escribo.

 

 

EL MUNDO HECHO DE AIRE. LAS PALABRAS HECHAS DE AIRE.

Los sueños hechos de aire. Ser libre sólo para hacer el bien.

La verdadera libertad se entiende sólo dentro de éste.

Las palabras dicen verdades altas, las sueñan o las encuentran.

La vida y lo que de ella puede pensarse y sentirse

a veces tiene la forma de un poema.

 

 

“NO HAY ALAS COMO EL SIGNIFICADO”, CITABA EL OTRO DÍA DE WALLACE STEVENS

en el cuestionario al que respondía. Leo ahora en Joubert

-mientras escribo llueve fuerte- : “No me gusta la filosofía

(y sobre todo la metafísica) ni cuadrúpeda ni bípeda… La quiero

alada y cantora. Que la metafísica tenga, pues, alas”. Alas del pensamiento

además de alas del canto. Y leo en el pensamiento siguiente :

“Vosotros vais a la verdad por la poesía, y yo llego a la poesía

por la verdad”. Y el primer pensamiento que abre los del año 1825 :

“Hay que temer equivocarse en poesía cuando no se piensa como

los poetas, y en religión, cuando no se piensa como los santos”.

Pensar como los poetas, como los santos. De la palabra y de Dios.

Del oficio sagrado del canto. Llegar a la poesía por la verdad,

sólo así desde adentro la poesía. Alas de la poesía, alas

también del meditar, meditar y deambular, caminar, andar, respirar.

Aire para las alas del pensamiento y de la poesía.

Aire y música y canto. Una gota de aire

que sea en ellos el mundo, podamos a través de ellos

así sentirlo y verlo.

 

 

LEO EL PENSAMIENTO SIGUIENTE Y PIENSO QUE ES, POR LO QUE ÉL NOS DICE

que toda una vida en arte es una búsqueda y no se acaba sino

al final. Sí, quizá es por esto, por esto no podemos sino persistir,

y quizá es aún más verdad esto, es, quiero decir, la verdad más profunda

que hay dentro de este pensamiento, que dice :

“Cuando se ha encontrado lo que se buscaba, no hay tiempo

para decirlo. Entonces hay que morir”. No sé si encontraremos

lo que buscamos, pero sí que hemos de persistir en esta búsqueda,

la búsqueda infinita que hay en las palabras, infinita hasta el fin

y quizá más allá de quien las encontró y dijo. Yo leo esta tarde

éstas que escribió un escritor francés del XVIII y XIX. Desde algún olvido o memoria,

desde la oscuridad o la luz en que esté él lo sabe bien.

Y yo también.

 

 

“HOMBRES RECTOS COMO CAÑAS. ES DECIR, QUE VAN A DOBLEGARSE AL MENOR

soplo de viento”. El junco de Pascal, y aquí este junco u otra caña

el hombre : su rectitud necesita su ternura, su bondad.

 

 

“DIGAMOS TAMBIÉN : “RELEE LO QUE YA HAS LEÍDO SI QUIERES COMPRENDERLO””.

Releo a Joubert, me acerco al final de este primer libro que leí

de sus pensamientos y pienso que no he encontrado el relativo al café,

el que citaba al abate Delille y yo cité en la Maison de l’Europe de París

aquel lejano día de marzo de 1999, además de hacer algunas referencias a él.

Quedan sólo unas dos páginas, no recordaba si estaba

tan al final. Pero ha de estar. Leo uno que no recordaba

sobre Don Quijote : “Don Quijote, al dirigirse al Toboso, habla

a Sancho como Sócrates a sus discípulos ; y eso no es ridículo,

y ni siquiera parece desplazado”. Borges dice que cree en Don Quijote

como en un amigo, como en la personalidad de un amigo, y que esto

es lo fundamental. Dice también que no está seguro de que mantuvieran con Sancho

esos discursos, que le parecen retóricos y falsos. Aquí Joubert,

un francés del XVIII, sabe ver su verdad, y quizá la sabe ver

por estas dos circunstancias que he referido en su persona se dan.

Y ahora el pensamiento que reproduje en mi intervención en París

y que me sirvió para acercarme a una verdad -la verdad de las palabras,

de la pasión con que se dedica a la poesía una vida,

de Europa y los cafés, el café. Dice Joubert en este pensamiento,

que encuentro por fin en la úllima página : “Las bebidas acuosas

concentran. El vino hace expansivo. El abate Delille decía

con mucho acierto : “Con una taza de café nunca estamos solos””.

Lo citaba al final de mi intervención, a la que había dado el título

de “Europa : un café nunca está lejos”. Había comentado ya

que “Un café nunca está lejos” era un verso del poeta español Juan Larrea,

que vivió en París y escribió en francés y del que fue secretario César Vallejo,

que murió allí tras haberlo predicho él mismo. Y entonces estas palabras

de Joubert, y expresar yo al final de mi intervención aquel día en París

la voluntad de unir, a través de mis palabras, un café francés

y un café español, y terminar con una invitación a la justicia y a la libertad.

Reencontramos una verdad muchos años después, a ella volvemos.

Por esto los libros nuevos tienen el inconveniente de impedirnos leer los antiguos,

como he leído antes esta tarde en Joubert. Me hubiera impedido uno nuevo

recordar y traer otra vez al corazón esta intención

y la memoria de esta intención y el símbolo

y la verdad de vida que puede ser un café.

Un café, que nunca está lejos, como el aire

libre debería estar siempre al alcance. Están lejos

o hasta vedados ahora. Pero recordamos su verdad.

La recuerdo, y sueño y espero y rezo porque Europa

no se deshaga, sea fiel a la memoria de sus cafés,

los cafés que la han hecho, en que se ha hecho,

en los que la hemos sentido, y en ella un café

vuelva a no estar nunca lejos, como para ella y en ella

yo lo quería, y el aire nuestro.

 

Barcelona, 14 de mayo de 2020

 

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