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El río Jataté
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 Article publié le 11 octobre 2020.

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En el año 1967, en los primeros meses, compartí plaza con Oscar Sarmiento, cómo juez mixto de primera instancia, en Yajalón, mientras yo fungía como agente del ministerio público.

En junio me transfirieron a Ocosingo y por eso mismo, una tarde que se apareció con su hijo por la casa, me causó extrañeza.

---¿Y qué milagro que andan por acá ?

Me platicó que había llevado su camioneta pick up de tres cuartos de tonelada a Yajalón y venía de regreso en ella, cargada de frutas, café y demás y quería que lo ayudáramos a cruzar el río Jataté, para proseguir su viaje.

---Pero yo no tengo ni bicicleta.

---Ya lo sé, pues tú no le entras a nada, así que tu situación económica no es para todo, pero sí tienes personas que tienen vehículo de tracción que nos pueden ayudar.

Me acordé de mi vecino, el capitán Hoyos, quien tenía un yip Willis para su trabajo como agente forestal y ahora era suegro de mi amigo Viyo Oropeza, quien era novio de Uba, la hija mayor y estaban comprometidos en matrimonio.

---Crucen los dedos para que mi amigo Viyo esté aquí enfrente de visita porque si eso sucede, podríamos por su conducto, pedir prestado el yip para ayudarlos a cruzar el río. ¿De casualidad traen una soga larga y gruesa ?

---Sí, tiene más de 40 metros ---dijo Oscar---. Yo pensé que podría servirme para cuando me atascara, pero nunca lo asocié con el cruzar y remontar un río.

Viyosí estaba en casa del capitán, salió y tras presentarlo con Oscar y su hijo, estos le contaron que su problema era cruzar el río con la camioneta cargada, ayudados por un yip.

Como era su carácter tranquilo, pero de acción, sin decir nada entró a la casa y unos minutos después apareció sonriendo, con las llaves del vehículo en las manos.

---¿Vamos ? --- dijo y se subió al vehículo estacionado frente a la puerta.

---¿Dónde está la famosa camioneta ? –pregunté.

---En la orilla, hasta donde pudimos llevarla ---dijo Oscar---. Se atascó apenas entramos al río y mejor opté por venir a verte.

---Vamos, que al mal paso, debemos apurarnos---parodié el dicho original.

Llegamos a la orilla del Jataté y me impresionó su coloración verde jade, con algunos obscuros que asocié más con la hora de la tarde, que con la profundidad.

---No más de cincuenta centímetros de hondo --- afirmó el chalán que ayudaba a Oscar.

---Me pareces conocido…

---Pedro---contestó---. Usted me dio clases en la secundaria nocturna, de dibujo de imitación en primero y dibujo constructivo en segundo.

---¿,Nos ayudas asegurando esta soga en la defensa trasera ? ---solicitó Viyo.

---¿O sea que lo sacamos del río y luego entramos nosotros para jalarlo, ¿Si ?

---Sí, Yorch. Ese es mi plan, si no tienes otro mejor.

---Pues a darle antes de que nos gane la noche.---subí al yip.

Desde que me enteré de la posibilidad de que andaríamos como navegando, porque sería en un Wyllis y no en lancha, y que se repitiera la maravilla de no empaparme. Aquí podría ser más complicado porque era agua en movimiento y no estancada, como en el caso que recordé.

Mi piloto enfocó el morro hacia el río y nos metimos a él para checar cómo nos iba a ir con la mojada, si llegaba a haber. Para nuestro beneplácito no había problema, pues la altura del yip no permitía que el líquido elemento nos alcanzara.

Volvimos asalir y Pedro ayudado por Oscar hijo, aseguraron la soga en la bola de remolque que tenía el todo terreno.

Oscar papá se metió al agua y entró a la camioneta por la ventana de la puerta. Me impresionó su agilidad, pese a su corpulencia, y recordé qué él y su hermano Daniel, de su mismo pelo, jugaban basquetbol en la selección de la escuela de Derecho.

---¡Ya estoy listo ! ---gritó.

Viyopuso la doble tracción a trabajar y comenzamos a avanzar, hasta que sentimos haber contactado los dos vehículos con la soga.

---¡Allá vamos ! --- ---gritó --- y al principio sólo se escuchaba el bramido del Wyllis.

Al tercer intento se escuchó un ruido en el agua y la camioneta comenzó a moverse.

---Como que una piedra estaba trabada en una llanta y se soltó---dije.

---Eso parece ser porque ya está saliendo. Se nota desahogado el motor. ¿Ya salió del agua ?

Ahora fue el turno de Oscar papá.

---Voy a probar a encender el motor ---dijo---. Si lo logro con la ayuda del motor de la camioneta, creo que será más fácil jalarla. ¿Qué opinas Jorge ?

Si la enciende sí será más fácil cruzarla---acepté---. Me preocupa la hora porque ya casi llega la noche.

Sarmiento sacudió la cabeza denotando preocupación---. 0scarín y Pedro, apóyennos para cruzar, mientras yo enciendo esta cosa y ustedes atan la soga en la defensa delantera. Yo ya estaré listo.

Giró la llave del encendido y al cuarto intento, tras toser violentamente cual si fuera un humano con tuberculosis muy avanzada, yo diría que el vehículo estaba en las últimas.

 Sin embargo, dejó de toser y empezó a ronronear muy parejito.

Los “ !bravo !” y los” !viva !”, se dejaron sentir. Ovidio tocó la bocina y los muchachos checaron la distancia entre los dos vehículos, para mantener el lazo tensado y así evitar los jalones y se reventara. La entrada fue fácil y Ovidio hizo un rodeo, para no pasar por donde se había trabado la pick up. De pronto sentimos un tirón que nos indicó que estábamos en posición de remolcar. Ovodio cautelosamente preparó la doble tracción para completar el sistema de arrastre que ya habíamos usado sólo con el dual. Y ahí comencé a maravillarme con el manejo de la caja de velocidades . El dual y la doble tracción.

No me aguanté y le dije a Viyo :

---El año pasado estuve con un ingeniero de Haití poniendo cotas y midiendo un cañaveral inundado y creí haber visto lo mejor manejando un Wyllis. Cuando menos eres igual, si no mejor manejando un yip, porque tú lo estás jalando dentro de un rio que está moviéndose por la corriente.

---¿Qué te tomas, compadre ?

---Hablo en serio, Ovidio.

---Te entiendo, Jorge, pero te recuerdo que los rancheros y ganaderos todo lo ejecutamos a caballo o en yip. Todos somos hábiles por necesidad. Ante ese argumento ya no hablé más del tema.

Desde que empezamos a jalar la camioneta, encendimos las luces y pude percatarme, cuando estábamos a escasos ocho metros de la orilla, que a jalones y empujones llevábamos el vehículo al cruce completo del río, alumbrados sólo por la magnificencia de Dios y las luces de los carros.

El último esfuerzo lo logramos al llevarlos a unos metros fuera de la orilla y por su propio motor. Nos despedimos y viramos de regreso al agua. No quisieron irse sino hasta vernos a salvo en el otro lado, en donde bajamos para despedirnos. El camino se nos hizo corto, gracias a nuestra húmeda experiencia de la cual fuimos platicando. En casa comenté a Chanita sobre los detalles y me dormí muy fácilmente. Temprano me despertaron los toquidos a la puerta.

Abrí y me encontré a Sarmiento con los chavos.

---¿Nos invitan a un café ? Se nos fue el embrague, antes de empezar a subir

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