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 Article publié le 22 novembre 2020.

oOo

GESUALDO BUFALINO. BLUFF DI PAROLE. MIRO EN LA MESITA REDONDA

que hay en el despacho y tiene estantes para algunos libros, y en los que tengo

los de algunos escritores italianos muy queridos. Buzzati, Bufalino,

Pavese, Natalia Ginzburg. Cojo este libro de Bufalino, este escritor secreto

hasta anciano -los ancianos que este mundo desprecia y en su desprecio

condena a morir solos y como si estuviera bien que así se hiciera,

tal con una cosa vieja que ya va a servir poco-, de historia

que me llegó al corazón, por estar cerca de mí -de mi carácter,

de mi naturaleza. Y en el que se descubrió a un escritor espléndido.

Pueden ser días de relecturas, de volver a leer libros de escritores

que quiero, que he querido mucho. Como Gesualdo Bufalino.

Es de una parte de Sicilia bellísima y también secreta, Comiso,

el mismo pueblo que el padre de Carmelita, al lado de la preciosa Ragusa

que la gente ve y conoce en aquella serie del comisario Montalbano

aunque en ella así no se nombre. Qué buen recuerdo, qué recuerdo de belleza

cuando alguna vez he avistado de modo casual cuando empieza

la catedral de San Giorgio y su rambla o paseo o alguna panorámica

de la ciudad toda o de algún recodo. Sicilia. Y su literatura,

también sus escritores. Entre ellos, ahora, Bufalino. Quizá lea algunas de sus novelas.

Me gustaron todas, pero quizá relea la que le dio a conocer y con la que purgó su enfermedad

y tuvo tantos años en el cajón, Diceria dell’untore. Quizá también

Calende greche. He leído varias veces los poemas de L’amaro miele,

que me recomendó hace tantos años Carmelita. Lo he leído -creo-

todo. Hasta tuve que encargar sus dos libros de aforismos. Il Malpensante

y Bluff di parole. Éste es el que encuentro. Bufalino tradujo y admiraba

las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, pero en sus pensamientos cortos,

en sus aforismos está Europa y una escuela de pensamiento, está Francia,

una Europa y también una manera de ver las cosas que se desmorona.

Luis Cernuda decía que en España el ingenio era un defecto y una característica

que formaba ya parte del carácter nacional. El esprit francés, el ingenio español,

el pensamiento agudo que se retuerce en paradojas para brillar y asombrar

parece estar, además de en su aspecto de apariencia y de juego,

en el título de este libro, Bluff di parole. Pero, aun con ello,

muchas veces también en las boutades y bluff di parole hay

y se encuentra una profunda verdad, que se expresa aún mejor

de esa curiosa y tensa manera. En este secreto y maravilloso escritor italiano

las verdades antiguas de una cultura, de un mar y de una tierra,

de este Mediterráneo nuestro del que Sicilia es uno de sus centros,

y que esperamos no ver perder del todo.

 

 

GRECIA. SICILIA ES GRECIA. HE APARTADO ALGUNOS LIBROS QUE LEER Y RELEER,

y entre ellos Roma, la Roma de Gibbon que tradujo el padre de Berta

y muy afectuoso y gentil me regaló y dedicó. Estos días largos de encierro

podrían ser aptos para una lectura de este alcance, por ello mismo demorada.

Roma, la historia de Roma, las pasiones y entresijos de Roma,

que levanta el mundo y se desmorona. Roma, y Grecia. La historia,

la novela, la palabra. La poesía, el pensamiento. Acompañar y aliviar la soledad,

la soledad y el alma. Poblarla. Hacerla con las palabras firmamento.

Firmamento de misterios.

 

 

Barcelona, 4 de abril de 2020

 

 

“LUNARIO DELL’ANNO CHE VIENE”, Y BAJO ESTE TÍTULO UN POEMA DE L’AMARO MIELE,

titulado “Su un calendario nuovo” y que termina con estos versos :

“O giorni, iniquo seme/ di morte, oggi vi guardo/ dalle mie arle estreme,/

ma con viso nemico, ma con labbro testardo, che son vivo vi dico”.

Con los poemas digo que estoy vivo. Por esto los escribo.

Más aún estos días. Más aún con ellos se lo digo a los días

estos días. Versos de poetas distintos como pórtico de cada mes del año

antes de empezar estas palabras. La poesía como entrada, como puerta.

Como invitación a vivir. Para esto y siempre así la poesía.

 

 

“LA LUNA È CATTOLICA, IL SOLE È MUSULMANO”

escribe en un sucinto aforismo Gesualdo Bufalino.

Me llega dulce y suave, amortiguado esta tarde

el sol de las arenas, de lejanas arenas. Por la noche

he de buscar la luna. Mirarla y que esa mirada

sea una oración. Para que vuelva la siguiente noche,

para que no deje de ser y me proteja. Luna,

fe de vida en la noche. En la noche oscura.

 

 

SIGUIENTE AFORISMO DE GESUALDO BUFALINO TRAS EL DEL SOL Y LA LUNA :

“Scrivere : contraveleno o veleno ?”. Contraveneno quizá del dolor y las heridas,

para poder seguir viviendo, y también veneno, por la necesidad de hacerlo.

Necesidad de escribir. De escribir para vivir, y que el vivir sea,

acabe siendo escribir.

 

 

Barcelona, 5 de abril de 2020

 

 

II

 

 

QUERÍA RELEER DICERIA dell’untore, la primera y espléndida novela de Gesualdo Bufalino. Espléndidas lo son todas, pero esta primera tiene un valor y significación particulares. Recuerdo cuánto me gustó Calende greche. Tengo sus libros, entre los de otros autores italianos, en una mesita que hay en el despacho. Me fijo en los títulos que en ésta hay y veo que falta éste. Justo esta que deseaba leer. Están todos o casi todos, excepto éste. Lo buscaré, a ver si me sale entre otros libros. Algo de Italia, algo de Francia, algo también de Portugal en las lecturas. Veo entre los libros del despacho Piccolo mondo antico, que compré junto con otros en Nápoles -o quizá en Turín. No estoy seguro, pero en Italia, claro. Turín o Nápoles. Norte y sur. Y en las tierras de mi sangre y de mi alma, comunes en nuestras palabras Italia y Francia. Buscarlas, encontrarlas. También en casa.

 

 

Y LE CONFESSIONI D’UN ITALIANO, QUE COMPRÉ EN VENECIA, UNA

de mis veces en Venecia y que empecé y no seguí,

sólo atisbé, pero entreví su grandeza. Sería una espléndida

lectura para estos días. Piccolo mondo antico de Antonio Fogazzaro

lo tenía a la vista, en el despacho, y al tenerlo entre las manos

he recordado esta otra gran novela de Italia, que espera

su momento. Quizá sea éste. He de encontrarlo. Y sumergirme

en las confesiones de un italiano, novela e historia de una vida

y de un país, un país que es el mío, también su historia

y su vida las mías.

 

 

HE ENCONTRADO LE CONFESSIONI D’UN ITALIANO DE IPPOLITO NIEVO.

Me he orientado bien, estaban en la biblioteca pequeña del despacho

que está bajo el retrato de mi bisabuela, pintada y dejada fija

en su juventud y en el tiempo allí en París. Encuentro otros libros de Italia

que también me esperan, en dos volúmenes la Storiad’un anima de Leopardi,

sus cartas, compradas, creo, en Nápoles. Abro y encuentro con alegría

la esperada novela de Nievo, sintiendo que encuentra ahora su momento.

Y, al abrirla, veo que está fechada en Roma. Pone : Roma, 12 de marzo de 2010.

No sé porqué pensaba que la había comprado en Venecia. En Venecia

compré otras cosas -la trilogía de Primo Levi en italiano, también por leer.

Recuerdo que tuve un especial empeño en comprar esta novela de Nievo,

que sentía y es para mí un símbolo de Italia, verlo así,

y querer en su comprarla en Italia y traérmela de allí para leerla,

ver un símbolo de mi reencuentro y vinculación con ella.

Recuerdo que la compré con esta ilusión y con este empeño.

Aún más me lo dice cuando veo su fecha y lugar, aún más así lo recuerdo,

que esto fue para mí. Sí, la compré en Roma, cuando volví esa semana

de marzo de 2010 invitado a su casa por Carmelita. Volvía

tras muchísimos años de no estar en ella, de no ir, veinte, más

quizás. Por esto era para mí tan importante volver, y se ha visto

cómo y cuán verdad así era. Fue el principio de mi volver

a Roma. A la poesía y a Roma. A lo que me tenía

que hacer vivir y cantar. Y condice con esta verdad

que el empeño en comprar esta novela de Nievo

se diera en ella, en Roma, y se diera en ese momento.

Sí, una semana de marzo del año 2010, en Roma, que me permite

volver y que la poesía luego, años después y por dos veces,

en ella y en mí se dé. De mi ánimo, de mi voluntad,

de mi deseo y de mi convicción nos hablan de que comprara allí

esta novela. No hay duda, lo dice su primera página,

con mi letra ciudad y fecha escritas : Roma, 12 de marzo de 2010.

Y ahora lo recuerdo, lo recuerdo de manera diáfana, mi comprar

esta novela en Roma y el empeño y la convicción con que lo hice

y que además la cargué durante un buen tiempo en mi caminar

ese día en Roma. Esta gran novela vuelta a mis manos desde Roma

me permita adentrarme en mi corazón otra vez y en el de Italia,

en su poesía, su historia y sus palabras, y me hagan sentir y saber

qué íntima, qué profundamente son las mías.

 

 

PORQUE VOLVÍA A ROMA Y VOLVÍA A LA VIDA, A UNA POSIBILIDAD

de mi vida. Así lo sabía y lo sentía. Así me lo recuerda y dice,

como también me lo dicen otras cosas, que comprara esta novela

en una de sus librerías, tanto tiempo cerradas, como las de Barcelona.

Se abran las calles, se abra el corazón. Haya poesía,

haya palabras. Haya amor, pasión antigua y que desde la adolescencia

en las palabras y su destino y dedicación de amor arden.

 

 

ROMA, ROMA, LA VUELTA A LA POESÍA Y A LA DICHA

de la vida como un regalo y con punzante

intensidad sentida. La libertad del aire,

la libertad de la vida, en Roma, en Roma

al aire libre y en la poesía. Vuelva a ella

en ti, poesía, Roma.

 

 

TAÑE LA CAMPANA EMMANUELLE DE NOTRE DAME DE PARÍS,

así lo escucho en las noticias y tañe a las ocho y lo hace

-dicen- para recordar el incendio que sufrió y la destruyó

en parte hace un año y tañe también por los muertos del coronavirus

de esta terrible pandemia. Tañe también por nosotros,

y somos también nosotros quienes tañemos en ella, estamos

en su tañido con nuestros anhelos y nuestras esperanzas,

con nuestros miedos, nuestras soledades, nuestro frío

y nuestra noche toda. Y tañemos con ellos y con nuestros sueños

hemos tañido otra vez esta tarde en la campana Emmanuelle de Notre Damme de París.

 

 

UN DOCUMENTAL SOBRE LOS BEATLES Y A LA MEDIA HORA ENLAZAR

con Incerta glòria. Esto es lo que podemos ver esta noche. Lo he leído

en el periódico esta mañana, y así he pensado que haríamos. La película

es una buena película y lo es en tanto que tal, como película,

pero no está en ella la complejidad y en esa complejidad la verdad

de la novela, el testimonio de una fuerza moral inusitada

por ello. Qué gran novela, cómo he ponderado cuando he podido

su grandeza, cómo a veces me he acordado de ella. La recuerdo de nuevo,

recuerdo de nuevo esta verdaderamente extraordinaria novela escrita

en catalán en México, quizá porque he reencontrado y he tomado la decisión

-decisión que son las ganas, el gusto- de leer una gran novela de Italia.

Italia, España. Cataluña. Un tiempo doloroso y triste,

fiero. La guerra. Las novelas son espejo de formas imposibles,

que reflejan formas imposibles, y en algunas de ellas a veces

la vida en su compleja, contradictoria, múltiple verdad,

en su verdad así dicha y también en su aliento escondido e íntimo.

 

 

LAS PALABRAS. LAS PALABRAS DE LA SANGRE, LA SANGRE

de las palabras. La sangre de un tiempo fiero. La sangre

que adentro busca también paz, el íntimo latido

con que al corazón se acompase y ritme la vida.

Le dé ritmo, sí, y música. Cauce. La sangre que es roja

como las rosas y los labios y los besos, como todo

lo que nos hace tanta falta. Y que es

con lo que se canta.

 

 

Barcelona, 15 de abril de 2020

 

 

 

III

 

 

 

ANOCHE SALE POR FIN DICERIA DELL’UNTORE DE GESUALDO BUFALINO

y me llevo una alegría. Pensé después en otro sitio en que podía estar,

en una de las librerías del pasillo, y así fue. Lectura deseada.

Así lo siento al levantarme, cómo me llaman libros que he querido leer

y otros que quiero releer. Alguna novela de Bufalino -ésta, y Calende greche-,

los Carnets de Albert Camus, que justo empecé. Las recordadas y encontradas

Confessioni d’un italiano, de Nievo. Y, pienso, otro clásico de Sicilia

que me aconsejó Carmelita y compré hace muchos años

y quedó por leer, I Vicerè. Las Novelle de Pirandello

las dejé a medias. Ensayos de Juan Larrea por leer.

Días para leer, leer cosas pendientes, cosas conocidas,

libros en los que encontrarme y en los que vibrar.

Novela, ensayo, todo. Y poesía. También poesía.

Poesía que te sale al encuentro de manera imprevista

y no conocías -como ayer la de Eugenio de Nora-, e

igualmente volver a alguna de las que más me ha acompañado.

Me levanto y veo que han publicado en El Faro de Melilla

mi texto “La vida cabe en dos poemas”, que habla del refugio y la libertad

que es la poesía estos días. La poesía, que nos permite resistir.

Sentirnos aún de verdad vivos, ser por completo aún libres. Me quedan

trabajos y me quedan días, me quedan libros, correos por contestar,

trabajos y días, pero vuelve hoy esta mañana a empezar en un periódico lejano y amigo,

pues acoge mis colaboraciones con gran generosidad y simpatía,

esta convicción del anclaje que la poesía es en nuestra vida, raíz y fuente,

aire libre, viento que corre y en su libertad dice nuestro nombre por los caminos.

 

 

REFUGIO Y LIBERTAD. Y EL ADIÓS DEFINITIVO,

el amor infinito, desepedida y abrazo, abrazo y despedida

la poesía de estos días.

 

 

Barcelona, 16 de abril de 2020

 

 

 

LA MAÑANA QUE EMPIEZA, LA MAÑANA QUE SE NOS DA.

En la mañana ligera y fresca empezar a releer, como

voy a hacer ahora, Diceria dell’untore de Gesualdo

Bufalino, su primera novela y que impactó y descubrió

a un escritor secreto. Y verdadero, hondo. Fino, elaborado,

cultísimo. Un escritor que hunde sus raíces en un humanismo

antiguo, en el cruce de culturas sabio y fecundo

de Sicilia. Me puede recordar y traer otra vez al corazón

su aparición esta su primera novela más que nada, pienso.

Que es la historia de un confinamiento, de la vida en un sanatorio,

de una enfermedad. Un dolor compartido. Años tristes, años duros

y largos años de elaboración y descanso y dejar reposar la novela,

para que fuera nutriéndose y asentándose con el peso y las sombras de esos años,

de ese largo tiempo. Herida del tiempo y del dolor hecha palabras,

palabras que salvan. Nos ayudan a aguantar. No sólo a aguantar y resistir

en su dolor la vida sino a purificarla. Me recuerdan y hacen saber

otra vez esto de manera muy cierta aquéllas

con que hizo ésta su primera y madurísima novlea, con una maduración de años

y también un arte viejo, el gran escritor siciliano.

 

 

BUFALINO CUENTA A SCIASCIA QUE LEYÓ POR PRIMERA VEZ A PROUST

en el sanatorio, los volúmenes desordenados, como iban apareciendo

de los libros en que estaban apilados. Y que fue un descubrimiento.

Sciasciale habla entonces del anclaje de Sicilia en la cultura francesa.

Que se ha dicho que con Diceria dell’untore ha escrito un libro

muy francés. Que, desde luego, italiano no es. Pero que sí es

muy siciliano. Porque Sicilia es otra cosa. Hay tierras, los países antiguos

que son otra cosa. Y tras esta revelación, esta verdad que nos recuerdan

las palabras sobrias y hondas del propio Bufalino de lo que es su novela,

lo que es él mismo.

 

 

LEO, TRAS LOS EPÍGRAFES, LAS DEDICATORIAS DEL LIBRO,

que no recordaba : a chi lo sa. Y pienso que es la única dedicatoria,

la dedicatoria única, en realidad la dedicatoria que tienen o pueden tener

todos los libros, si son verdaderos e íntimos. Tienen amor.

 

 

EN EL PRINCIPIO del capítulo III de la novela encuentro “l’indorarsi fulmineo del mondo, al di là del muro di cinta”, y nos habla también “di quella stella infidele in cui s’era transformata la terra”. Estrella infiel, la vida lejos, la vida por gozar cercada en el muro del encierro, un encierro que dicta y al que obliga la enfermedad. L’idorarsi fulmineo del mondo, la tierra como estrella. Sí, la luz, lo fúlgido y luminoso que es vivir. Resplandeciente. Tenemos las palabras, tengo las mías y también las de otros, para dar nombre a esa estrella y esa luz, nombre entre los sueños. Y, al nombrarla, al darle forma en las palabras, hacer que otra vez sea así y sea de esta manera, por así recordarla, añorarla y sentirla. Y desear que vuelva.

 

 

…”E TUTTAVIA NON DELUSI DEL NOSTRO BOTINO DI NUVOLE, L’UNICO

che la sorte non aveva facoltà di vietarci” : esto leo en la misma página,

un poco más adelante. Botín de nubes, botín también este árbol que a través

del cristal veo, mientras leo junto al balcón. Botín y esperanza, saco de sueños,

allí los dirijo en la mirada, a este árbol y el aire que lo acaricia y que lo mueve

que miro en las mañanas y en las tardes, al cerrar el balcón de noche,

y pienso que es también un botín, como para el narrador de Bufalino

que es Bufalino las nubes, y que aún tengo esperanza en él

y aún no me ha desilusionado. Así he de aferrarme a que sea,

a que no me defrauden los sueños ni las nubes.

 

 

“ANGELO DICEVA CHE LA MORTE E UN PARAVENTO DI FUMO FRA I VIVI E

gli altri. Basta affondarci la mano per passare dall’altra

parte a trovare le solidali dita di chi ci ama” : la precisión como de sueño

del escribir de Gesualdo Bufalino, precisión y magia, en verdad además

de ensueño, de decir la vida junto a la muerte, la vida

en que la muerte está al lado, poco o nada, casi nada es

lo que nos separa, así es en realidad siempre, pero en situaciones extremas

en que la sentimos cerca en esta verdad lo sentimos y recordamos,

una verdad que es hiriente y terrible y a la vez da cierta paz en su certeza,

en saber que es así, sencillamente. Que estamos junto a la muerte,

la tenemos al lado. Y también en ella el amor es todo lo que tenemos,

porque es lo que de verdad somos, lo que nos justifica y hace que nuestra naturaleza

merezca considerarse la de una persona.

 

 

EL CIELO DE AFUERA

 

Esto leo hacia el final del capítulo VIII de la novela Diceria dell’untore de Gesualdo Bufalino, en que el narrador vuelve al pueblo : “Più tardi mi affacciai a respirare il cielo di fuori, guardavo nella striscia fra le cimase passare uccelli di mare, bastò il loro grido a precipizio su di me a farmi fiorire nel cuore un singhiozzo di bufera abortita, irragionevole gemito di bambino che si rigira nel sonno”. La búsqueda de la vida y la intensidad de la dicha, en el aire que respirar en el cielo de afuera y no sólo visto tras los cristales, en los chillidos de los pájaros que vienen del mar. La dicha y su búsqueda, la búsqueda de la vida y también su violencia, sentir y saber en ella que aún no es para ti. Por esto, pocas palabras después, el narrador -que es Bufalino- decide irse y así lo dice. Que vuelve al sanatorio en que está confinado y en el que ve la vida de lejos : “”Basta, basta” dissi ad alta voce. “Devo tornare alla Rocca, il mio posto non è qui””. En su deseo de reencontrar la vida vuelve a su pueblo, pero sabe que se ha equivocado ya al ver su perfil desde el tren. La enfermedad, la vida y la muerte. Todo es otra cosa, y está roto. Así el encuentro con su padre : “Poi fra me e mio padre tutto quell’alterco da piangere : io che non voglio abbracciarlo, sfiorarlo con le mie labbra nocive ; lui insiste, mentre il mento gli si infossa e nell’iride balena e si rintana un allarme di preda sorpresa”. La enfermedad, y la muerte, la muerte en la vida y lo que tiene de terrible juego. Así se lo dice el narrador : “Com’è difficile stare morti fra i vivi : un astruso gioco d’infanzia è diventato, vivere, e mi tocca impararlo da grande”. Decido releer hoy esta primera novela de este escritor que tanto quiero y se dio a conocer mayor con ella, esto es, Diceria dell’untore de Gesualdo Bufalino, y acabo de leer su capítulo VIII, un capítulo que empieza diciendo que no le gusta el verano. Siento la precisión y la belleza de sus palabras, el poso antiguo de cultura en que Sicilia es en esto una tierra única, el amor y el dolor, el insoportable dolor a veces de estar vivo y también el ansia con que queremos estarlo y el amor que necesitamos para ello. Y merecemos. Como el cielo de afuera. Que esperamos nos espere, como a este gran escritor del Mediterráneo y de una lengua hermana le esperó.

 

 

NECESIDAD DEL CIELO DE AFUERA. RABIA Y TRISTEZA PORQUE

aún no pueda ser para nosotros. Espacio sea

para la esperanza, y para esperar. Esperar el cielo,

el cielo para esperar. El cielo de afuera en que respirar,

y la vida sea otra vez la vida, en el aire nuestro.

 

 

EL AMOR, LA NECESIDAD DEL AMOR. LA PASIÓN.

La necesidad del amor también en la enfermedad

y en la vida cercada, pájaro que viene del mar

 y nos recuerda al amor, nos dice que podemos ser en él, el amor,

otra vez el mar.

 

 

IMÁGENES DE RODAS EN TELEVISIÓN, QUE HE VISTO POR LA MAÑANA

en el periódico y he pensado le pueden gustar a mi madre.

También me gustan a mí. El recuerdo de Sicilia. El mar, el Mediterráneo, lo más antiguo

y verdadero de sus ciudades y sus pueblos, de la Grecia a la vista

y al aire que en él queda -templos que me recuerdan, sí,

los de Sicilia, la Grecia en que he estado y he visto-, Grecia

en los monumentos y en los templos y también adentro de la sangre,

desde la que aún cantamos.

 

 

Barcelona, 17 de abril de 2020

 

 

LAS LENGUAS, LOS encuentros, las imbricaciones de la vida en ellos, dichas con arte. Aparecidas y juntas de manera espontanea y natural. Así ayer en mi escribir las citas en italiano de lo que escribe Gesualdo Bufalino en su novela. Porque es como la leo, en el atildado, rico, denso, precioso italiano en que la escribió. Conviven estas lenguas en mí, y así lo hacen también en el texto que escribo. Pienso luego, como quien cae de pronto en la cuenta de algo evidente pero en lo que no había pensado -cae quizá de un árbol, de un árbol de y en palabras-, que si se publica en un periódico español tendría que estar lo que escribe Bufalino también en español, pensando en el lector que lo lea en el periódico. Pero no tengo la novela en español, la tengo en italiano. Pienso que le puedo pedir a Carmelita que traduzca las líneas de Bufalino al español. Bufalino no sólo es de Sicilia sino del pueblo de su padre, Comiso, que está muy cerca de donde es ella, de la preciosa Ragusa, donde también trabajó como profesor y vivió muchos años Bufalino. Haré constar que es la traductora de los fragmentos que se reproducen de la novela de Bufalino -porque sería, será si puede hacerlo, una traducción hecha ex profeso para este texto y esta publicación, no tomada de la traducción española de la novela. Me alegraría si puede hacerlo. Será bonito. Porque será algo más que haremos juntos y nos unirá en el amor por las palabras y que podemos hacer ahora, en la situación en que estamos, ella en Roma y yo en Barcelona. Es otro detalle que aparece y en el que de pronto caigo. Se me aparece también el cielo claro y despejado de un día de verano en Ragusa en compañía de amigos y de Carmelita, se me aparece de pronto como un regalo y pienso que éste quiero que sea, dicho y sentido con las palabras de Gesualdo Bufalino, para mí el cielo de fuera.

 

Barcelona, 18 de abril de 2020

 

 

 

IV

 

 

 

VOY A RETOMAR LA LECTURA DE LA NOVELA DE GESUALDO BUFALINO,

palabras de amor y muerte y de vida como una raíz sentida

por un artista de este mar, sus palabras y en el espejo

las hojas de este árbol que me acompañan y me dice

que en el fondo y al final de todo está el aire,

del que es y es él mismo lo profundo, como Guillén

sabía y en este saber en su poesía adivinado

conmovió a Eduardo Chillida, quien empezó a hacer

una serie de esculturas que llevaban por título este verso

-Lo profundo es el aire I, Lo profundo es el aire II, III,

etcétera-. Las artes que se encuentran, las artes que han

de tener siempre poesía, como decía Chillida, la poesía

que tiene también la novela de Gesualdo Bufalino, escritor

también poeta, poeta quizá aún más secreto. L’amaromiele,

precioso título en que reunió con indecisión y modestia sus poemas

y que leí hace muchos años por decirme que era precioso Carmelita.

L’amaromiele, sí, la amarga miel de la vida, así sobre todo algunos días,

algunos entre ellos de éstos que vivimos. Nos salve y no sólo

acompañe el aire, sea el aire nuestro para y por el que respiramos.

La poesía en que la vida se nos aferra. Como en los poemas que estos días escribo.

 

 

Barcelona, 18 de abril de 2020

 

 

CORRE VELOZ UNA GAVIOTA POR LA CALLE PAU CLARÍS.

Viene del mar. El mar, el amor y la muerte

en la novela que leo, acercándome al final,

de Gesualdo Bufalino. Le dice ante esta

muerte el médico : “Ma nessuno ha orecchio

a capire la musica della propria esistenza,

e a fermarla al momento giusto”. Y poco

después : “Ma ormai, fra una o due parasanghe,

c’èil mare”. Qué dolor y qué tristeza,

con qué intensidad evocadores y vueltos

a vivir desde lo profundo del corazón y la memoria

ante el amor y la muerte. El amor que se vive ya

con sufrimiento, ante esa cercanía de la muerte.

Que está al acecho, esperando. Los recuerdos de la vida

de un joven en Sicilia, de un joven de su tiempo.

De la belleza mágica y esplendorosa del campo.

De la isla, de la Grecia de la que viene. Palabras

intensas y verdaderas, de una intensidad a veces que cuesta

poder pensar mayor. Cruza una gaviota la calle Pau Clarís, lo cual

es inusual pero es algo que estoy viendo estos días inusuales,

lo hace mientras leo las páginas finales de esta intensa, dolorosa,

bellísima novela de Bufalino, memoria de una vida, memoria

que es amor y es cicatriz, sé y recuerdo que la gaviota

viene del mar, y que de allí todos venimos y a él

todos vamos. Que somos mar. Y lo dice el que rodea

a una isla bellísima y de antigua historia en el Mediterráneo

y el que da a mi ciudad y del que esta gaviota que veo viene.

 

 

Barcelona, 21 de abril de 2020

 

 

 

TERMINO AYER LA NOVELA DICERIA DELL’UNTORE DE GESUALDO BUFALINO,

lectura que no sólo no me ha defraudado sino que me ha conmovido

y apasionado, como pensaba volvería a hacer, en su riqueza y densidad

y complejidad de sentimientos, de reflexiones, de perspectivas, de pensamientos.

Dejo la novela donde el autor la termina, y también ayer, tras un rato,

empiezo a leer el también rico y denso apéndice con que cierra la novela

y la acompaña, poemas que luego pasan a L’amaro miele

-expresión preciosa que la lectura de la novela me permite recordar

que dice de la juventud-, citas que llevaban como epígrafe los capítulos,

y unas “Instrucciones de uso” que publicó después y en esta edición

también están. Leo allí su primer componente o capítulo. Antes de empezar

la lectura, la relectura del primer volumen de los Carnets de Albert Camus,

que otro día justo empecé y pienso también ha de agradarme en ellos

reencontrar muchas cosas -otro escritor mediterráneo y europeo del sur,

como Bufalino, como yo-, quiero terminarlas. Y empiezo el capítulo “Guida-

Indice dei temi”. Y me sorprende y llama la atención y también me agrada,

ante tantos escritores que no saben decir nada sobre lo que hacen,

lo cual te puede hacer pensar que no sabes cómo es que lo hacen,

la densidad en la reflexión, en los conceptos, cómo esta densidad

en el pensar da testimonio de la elaboración de la novela y la vida

que tiene dentro, años de vida y de pensamientos, de emociones,

del sentir con que se ha ido nutriendo, elementos con los que se ha compuesto

con tesón y ardor y amor, con pasión, con alta inteligencia.

Es un gusto y una alegría leer estos pensamientos que son compañía

de la novela y también son fundamentos, y nos permiten ver cómo se ha hecho.

Cómo la hizo su autor, Gesualdo Bufalino, cómo, hasta qué punto

la maduró y la tuvo dentro y le dio su vida y la hizo

con su pensamiento y con su vida. Me agrada sentir esta tierra

bajo los pies, esta tierra firme y densa que tiene esta novela

y que muestra que puede tener a veces el escribir de un escritor.

 

 

LA ESCRITURA COMO PASIÓN QUE NOS PERSIGUE, QUE RIGE Y SUSTENTA UNA VIDA.

Que todo lo llena, lo inunda, y llena está en nosotros de raíces.

Esto pienso mientras me encamino hacia el final de estas notas

con que Gesualdo Bufalino acompaña y glosa de manera espléndida

su propia novela. Escribir es así. Sé que escribir es así, tener de él

esta alta conciencia. Lo sé bien. Y sé que después el escribir

se olvida de sus razones, se despreocupa de ellas y las deja atrás :

el escribir se olvida del escribir, de darle vueltas y espiar

sus fundamentos, sus paradojas, y sólo se da, sólo -quiero

decir- se escribe. Se cumple y da de un modo sencillo

y también despreocupado, como respirar. Escribir como respirar.

Que tiene detrás todas esas largas raíces y esa intensa conciencia

de sí. Pero que olvida y deja atrás, quizá para poder continuar.

Y se escribe como se juega, como se respira, como se sueña. Se escribe -diríamos-

sin pensar. En una también alta libertad.

 

 

LA LIBERTAD ES UN DON DEL MAR

 

En esta libertad, con este espíritu de libertad y de juego y de desprendimiento abro el primer volumen de los Carnets de Albert Camus, es decir, de sus diarios. Sólo los empecé el otro día, y los empiezo de nuevo. Creo que tampoco me van a defraudar en su recuerdo. Tantas veces me han acompañado y he recordado algunas de sus espléndidas sentencias y observaciones. Habrá aquí las que recuerde, éstas encontraré y seguramente me harán vibrar de nuevo, y encontraré también otras que no recuerde y que ahora me lleguen más adentro. Que cuando lo leí por primera vez. Que sé cuando fue, pues los libros están fechados en Gerona y comprados en su céntrica librería Geli, que da a la Rambla de la Llibertat y cruza de calle a calle. Tantos libros he comprado allí. También éstos. Veo que el primer volumen -Carnets, I- está fechado el 1 de julio de 1992, y el segundo volumen al día siguiente, 2 de julio. Debí empezar a leerlo en casa de mi madre, en Sant Jordi Desvalls, y debí querer volver a Gerona al día siguiente para comprar su segundo volumen. Me dispongo a releerlos ahora en Barcelona, durante este encierro, y tantos años después.

Al abrir el primer volumen la pobreza y la sensibilidad que nace en la pobreza (recuerdo apreciaciones preciosas en torno a esta cuestión en distintos fragmentos de estos diarios), la madre. Las observaciones agudas, penetrantes, que parece a veces que juegan con las palabras y las retuercen pero se ve y percibe enseguida que es mucho más que un juego. Palabras como raíces. Las anotaciones sobre el paisaje y el tiempo de este Mediterráneo que nos ha hecho, quiero decir que nos ha hecho y hace ser como somos. Alguna sentencia ligada a otras que recuerdo pero no ésta en concreto y que creo muy cierta y me agrada muchísimo, como ésta : “No se piensa sino por imágenes. Si quieres ser filósofo escribe novelas”. Es decir, sólo hay poesía. En el fondo sólo hay poesía. No recordaba esta sentencia, pero es hermana de otra que seguro encontraré y siempre he tenido presente, hasta el punto de dar título a un curso que preparé -Las palabras y las ideas-. Porque esta sentencia que recuerdo es una pregunta, una pregunta que se hace a sí mismo Camus, y él mismo se responde. Es así : “¿Por qué soy un escritor y no un filósofo ? Porque pienso según las palabras y no las ideas”.

Recuerdo que hacia el final, creo que en el mismo final de este volumen Albert Camus cita unos pensamientos de Marco Aurelio que me llamaron mucho la atención cuando lo leí. Voy a buscarlos. En efecto, al final, el fragmento final de este primer volumen de sus diarios acaba con estas frases de Marco Aurelio. Camus escribe : Marco Aurelio : “En toda parte en que se puede vivir, se puede vivir bien”./ “Lo que detiene una obra proyectada se convierte en la obra misma”. Y, tras estas palabras de Marco Aurelio, él completa -y es el final de este libro : “Lo que cierra el paso abre el camino”. Pensé en los proyectos abandonados y en el silencio, el silencio que en mi escribir empezaba, y pensarlo así fue profético o adivinatorio. Adivinatorio mejor. Lo digo porque lo pensé y lo quiero decir con sencillez, tal como lo pensé. El silencio puede ser también acumulación de nutrientes, tiempo de gestación y de echar raíces, maduración natural que luego dará fruto, será agua que corre. Así fue en mi escribir. Por esto le dije a Mercè Boixareu, con la que coincidí en la UNED de Barcelona cuando ella era directora del Centro Nordeste de la UNED -además de vicerrectora de la institución-, cuánto me gustaba la imagen que había buscado para mi poesía. Es una imagen que traía de la Mancha y dijo en la presentación de uno de mis libros en Madrid, en la sede de la Asociación de Escritores y Artistas Españoles. Mercè Boixareu dijo que había estado unos días en la Mancha y que había pensado en el agua del Guadiana como imagen para mi poesía. Que transcurre subterránea pero no deja de estar viva, y muchos kilómetros después -o mucho tiempo después, tras muchos años de silencio- vuelve a aparecer, y con mayor esplendor.

Recuerdo que hacia el final del otro volumen de los Carnets de Albert Camus hay una frase de Proudhon que me agradó enormemente al leerla y me ha acompañado siempre. Es ésta : “La libertad es un don del mar”. Quiero ir a buscarla y así lo hago. Y sí, allí está, no en el mismo final pero sí en sus últimas páginas. La he tenido siempre viva en el corazón y en el recuerdo, y se ha hecho presencia e imagen en algunos de mis poemas y en textos diversos. “Los finales no son ciertos, jamás terminan” dice un verso de mis veinte años, y pienso que muchas veces es cierto. Que muchas veces los finales -los finales buenos- son una puerta abierta. Así lo han sido estas frases de otros pero que incluye Albert Camus en los finales de los dos volúmenes de sus Carnets. Y que por esto yo he recordado siempre ligadas a él. Así las recordé en una intervención que realicé en la Maison de l’Europe de París el 25 de marzo de 1999, dentro de la mesa redonda “L’Europe vue par les écrivains”, que organizaba la Association pour le Rayonnement des Langues Européennes, cuyo comité de honor presidía Simone Veil y de la que fui durante años Vicepresidente de España, así como corresponsal en Barcelona de su revista Europe Plurilingue, en la que se publicó por primera vez mi intervención. “Aquí acaban los trabajos de la mar los trabajos del amor”, empezaba el último párrafo de la misma y en lo que era ya una despedida y en ella también un deseo y una intención. Empezaba con el recuerdo de estos versos de Seferis y diciendo que eran suyos, y recordaba también esta preciosa frase de Proudhon que incluye Albert Camus al final de uno de sus Carnets -así más o menos también entonces lo decía- : “La libertad es un don del mar”. Así que en una intervención ese día de un mes de marzo en París hace años, en 1999, la presencia y el recuerdo de Albert Camus y de esta frase que hoy recuerdo de nuevo y voy a buscar y en efecto encuentro en sus Carnets, la de Albert Camus y la de Seferis y también la de Altolaguirre y la de Cernuda y la de Bergamín, la Generación del 27 y la España peregrina, el exilio y tantas cosas ligadas a mi poesía y a mi vida, entre ellas el de dar razón desde esa tribuna de París del enraizamiento en la cultura española del título de mi primer libro, Hospital de Inocentes, y el explicarles su vinculación con Marañón y la maravillosa coincidencia de que el poema que lleva el título de este libro se publicara -en lo que fue mi primera publicación como poeta- en un número de la Revista de Occidente en recuerdo de Gregorio Marañón. Era mayo de 1988, y era la revista de los poetas de la generación del 27. Que estaba y me encontraba al principio, en el principio, al empezar mi vida de poeta. Son asuntos -lo sabemos, lo saben los lectores de El Faro de Melilla- a los que he vuelto estos días, y que de nuevo me encuentro. Porque busco palabras y pensamientos queridos en los finales de dos libros de Albert Camus y no sólo los encuentro sino que me devuelven al principio, a algún principio de vida y de poesía y que pienso que puede ser no sólo personalísimo mío sino válido para todos. “Lo que cierra el paso abre el camino” son las palabras con que Albert Camus completa y apuntala los pensamientos de Marco Aurelio que transcribe, y pienso que quizá puede ser y deseo que así sea. Que este tiempo de temor y angustia que nos tiene detenidos, nos ha cerrado el paso, abra el camino. Un camino -no sé si lo sueño- de libertad. No sé si lo sueño, sí, pero así en verdad lo deseo, como con un deseo y una petición de justicia, de algo que consideraba que así era -una justicia, además de una libertad- concluí hace tantos años mi intervención en la Maison de l’Europe de París, y quiero también hacerlo en las palabras que ahora escribo, y con la verdad que sentimos, que sentimos como una verdad incontestable y profunda y es que la libertad está ligada al mar, sí. La libertad es un don del mar -es su don, uno de sus dones -además del de la vida-, como de manera maravillosa dice Proudhon en esta frase que siempre he recordado y conozco por los Carnets de Albert Camus, en los que la encontré. Sí. La libertad es un don del mar.

 

Barcelona, 22 de abril de 2020

 

 

V

 

 

 CALENDE GRECHE

 

El extraordinario recuerdo que tengo de este libro de Gesualdo Bufalino, Calende greche, que me hizo pensar en releerlo, como releí su primera novela, Diceria dell’untore, como lo tengo de su escritura toda, y en sí -de su escribir-, y así lo hago, empiezo a hacerlo. El autor del prólogo, al final del mismo, pone el acento en un aspecto singular y capital de esta escritura distinta que tanto me gusta, y es cómo difumina en ella la frontera entre la poesía y la prosa. La intensidad, la intensidad de la vida, su brillo, aun en la oscuridad y el dolor. Así estas palabras, las de esta escritura. Se pone de manifiesto en el texto del libro, que es un poema -y espléndido, estremecedor-, “Curriculum”, y en el texto inicial, “Nascita”, sólo una página, pero que no necesita nada más. No necesita más para decir todo y decirnos a todos -y así esta vida de días imposibles y que no fueron, como nombran las “Calende greche”, y a la vez los más ciertos, los más personales e íntimos y a la vez por ello también, un poco paradójicamente, los más de todos. El autor del prólogo comenta también cómo este libro tuvo primero una edición privada, no venal, que condice con la manera de ser y la visión del mundo de Bufalino, y su entender las cosas. Sólo para pocos, casi para nadie lo más de ti, lo que escribes, y luego quizá, también un poco incomprensiblemente, de todos y para todos. Empiezo el libro y siento ya en sus primeros textos la intensidad de la poesía, y la manera en que nos dice a todos. El espléndido “Nascita” acaba -y es un principio- con el descubrimiento y la presencia del aire, que es también una necesidad de vida -un imperativo-, y que he tenido muy presente estos días. Dice al final de este texto el yo más íntimo y más soñado de Gesualdo Bufalino, y el que está por ello más cerca nuestro : “Gaurdatelo : già insegna ai polmoni le maraviglie del respiro, li espande, li contrae, torna ad espanderli, inaugura gloriosamente l’aria e le sue misture nutrienti…// È nato. Ha cominciato a viviere, ha cominciato a morire”. Empezar a vivir, empezar a morir. Y a respirar. Pienso que a veces -lo sé- pongo en italiano en el castellano que escribo “respiro”, pongo “un respiro”, por ejemplo, en vez de respiración, aunque sea extraño, pero siento que no puede ser de otro modo, así he de incrustarlo también en el castellano que escribo. Respiro. Así. Lo recuerdo y digo. Y en el siguiente capítulo, “Infanzia e pubertà”, veo entre paréntesis los años que indica (1920-21). Sí, Bufalino nació en 1920, como mi padre. En la rememoración que hace y al principio de este capítulo recuerda a la gripe española, que es la referencia a la que hemos de ir un siglo después con este virus que nos azota. Dice : “I danni della spagnola sono nella memoria di tutti ; e come si moriva a catafascio ; non basatava mastro Tabbuto, ch’era nel paese l’unico falegname di cataletti, a smaltiere le ordinazioni. Il quale tanto improvisamente si sentí male che non fece nemmeno in tempo a fornire il proprio, dovettero allogarlo fra quattro assi qualunque”. Claro que estaba viva la memoria de la gripe -que se llamaba pero no era española- : fue el 17 y 18, y se fue el 20, hace ahora cien años. Cien años. Los ataúdes que no se alcanzan a fabricar, tanto puebla la muerte. Leo esto y siento esta presencia. El autor del prólogo ha hablado cómo en la escritura de Bufalino hay una regresión y un regreso. Una vuelta. La hay, de hecho, en toda verdadera escritura, y en la suya se da y tiene la voluntad de que se dé especialente en este libro. Siento también cómo vuelve la historia al empezar a leerlo y encontrarme esto, el hombre en sus sucesos, sus padecimientos. Y persiste el arte. El arte que lo recuerda y dice, el arte que permite soportarlo y dejarlo atrás, recordarlo como una herida ida, en el recuerdo saber su vuelta.

 

Barcelona, 28 de mayo de 2020

 

 

GESUALDO BUFALINO. LA infancia y la juventud. En estas imaginarios, íntimos y realísimos recuerdos o fragmentos de vida de estas Calende greche. He llegado a mitad de “Giovinezza”, he leído “La neve e il sangue” e iba a empezar “Passatempo a la Rocca”. Pero quería decir algo de la intensidad, de la intensidad de vida que se encuentra en esta escritura. Del asombro y la maravilla del vivir, y también del dolor y la tristeza de la juventud, que tantas veces se nos esconde, y del miedo y la soledad, del desamparo a veces terrible de la niñez. Está en estas palabras, como está el amor como un sueño, vivido y sabido como un sueño, y a la vez necesidad de vida, huida y superación de ésta y también su esencia, la vida misma. El dolor del amor huidizo e imposible, inasible, fantasma del viento. Fantasmas los recuerdos, los sueños, los olvidos, fantasmas olvidados pero que se saben ciertos y aún están vivos, y duelen, tal un miembro amputado. Así el amor y la juventud y sus sueños y sus desafíos, su valentía y también su irremediable desamparo. Es raro el arte, que puede volver a sentir vivo lo vivido, a decirlo. A transmutarlo. Y que en él aún sea. Así la infancia y la juventud de un chico de Sicilia que nació el mismo año que mi padre. En 1920. Un siglo después, pienso ahora, en 2020, leo sus palabras, las palabras con que reconstruye en arte y como arte la vida y el final así nos la dio a todos. El arte es para todos. Aun el más herido y más íntimo, el más escondido. Se cumple en él lo que pensamos que no sucedería jamás. Sí, el arte son calende greche.

 

 

“COSÌ VIENE L’ALBA”. Y al final : “Così,e in altre maniere, ammaziamo il tempo alla Rocca. Così il tempo ci ammazza” es el final del capítulo “Passatempi alla Rocca”, que reconstruye el sanatorio en que sucede Diceria dell’untore. Y, tras este capítulo, “Compleanno”. Leo en el principio : “Il mio paese : chi se ne recordava più”. Recuerdo su regreso al pueblo en esta novela del sanatorio, su primera novela, que quise releer en este tiempo. Estoy leyendo estos capítulos de la sección “Giovinezza” de Calende greche, y siento el impulso de ponerme a escribir por su intensidad, ante su intensidad. Desde su intensidad, que me llega adentro. Este capítulo, “Compleanno”, quizá recree otra vez su vuelta al pueblo unos días desdes el sanatorio. Leo, tras esta primera frase, su primer párrafo espléndido y así lo confirmo. Encuentro el mismo triste y desolador pensamiento que se dice a sí mismo en la novela : “”Non dovevo tornarci, ho sbagliato”, mi resi conto, non appena dal finestrino ne scorsi fra due trafori lo scorporato profilo”. Estoy leyendo estos recuerdos o fragmentos de vida, hechos capítulo de una novela. Es un disfrute hondo leer estas palabras, reencontrar verdades, secretos. Porque una vida es una vida. También -o sobre todo- para el artista que la purga o recrea. Hay este capítulo, “Compleanno”, dentro de la sección “Giovinezza”, y, para cerrar ésta, “Canzone e burla”. Recuerdo un aforismo de juventud de José Bergamín que pensé el otro día en releer y así espero hacerlo. Dice : “También la verdadera música se burla de la música”. Recuerdo que me hizo pensar, y lo encontré muy verdadero, cuando lo leí muy joven. El humor, y la burla, y la farsa. El humor duro con uno mismo, y el mundo como un simulacro -y uno en este mundo. Hay este humor y esta ironía ácida con uno mismo en la escritura de Gesualdo Bufalino, en su pensarse y sentirse a sí mismo, y esto me agrada y me hace sentirla cercana. Recuerdo que al pensar si incluía o no un poema en uno de mis primeros libros decidí hacerlo por considerar que, en resumidas cuentas, quien quedaba mal en él era yo y entonces caí en la cuenta que así pasaba siempre en mis poemas. Quien quedo mal soy yo. El humor o la ironía o la burla son siempre contra mí. Pero este humor, esta ironía, están también dentro del escribir, lo necesita el escribir, y como medida de salud, como un interrogarse, un cuestionarse y decir con ellos que no se está muy seguro de su utilidad o validez. Vuelvo a saber o pensar todo esto ante el título del siguiente capítulo de este libro de Gesualdo Bufalino, “Canzone e burla”. Cuánto me está gustando leerlo, volverlo a leer. Es reencontrar la vivencia de la escritura, de lo que tiene dentro y puede ser. Veo en la mesa del despacho el primer volumen de los Carnets de Albert Camus, que empecé a releer y no proseguí en su lectura. Pero quiero hacerlo -releerlos. Ya al empezarlos o tenerlos en las manos fui al encuentro de algunas cosas, que forman parte de mi vida, en busca de una frase de Proudhon que en él encontré y cité en la Maison de l’Europe de París hace muchos años y me ha acompañado siempre. Pensé en mi intervención allí -y escribí- en relación también a la lectura de Joubert. De sus pensamientos. Hay lecturas que forman parte de mí, de mi vida. Que me constituyen. Me han hecho como persona, y tienden un puente hacia quien yo fui, quizá en gran parte sigo siendo -y ellas lo dicen. Me lo dicen especialmente a mí. Por esto me gusta reencontrarlas, y aún más que gustarme me causan impresión. Porque tienen un significado -y yo lo sé. Son una vivencia íntima. Lo son los libros, y lo son Italia y Francia. Sus escritores. He visto algún libro de Camus en francés aquí de mi padre, aunque llevé muchos de sus libros en francés a la casa de mi madre en el Ampurdán. Por releerlos allí a temporadas. Estos libros en francés de mi padre, entre ellos los libros de Camus, son una continuidad. En la cultura, y en una manera de sentir y de entender las cosas. Así lo puedo sentir y pensar. Que Francia es una memoria, como lo es también Italia. También en sus libros, en sus escritores. Además, quiero decir, de íntimamente. Pero los libros de sus escritores que más quiero son para mí también vida íntima. Voy a su reencuentro en algunos -estas novelas de Bufalino, los Carnets de Camus-, pero he pensado también en algunos por leer. Recuerdo La famiglia Manzoni de Natalia Ginzburg. Leí todos sus libros, pero éste me quedó a la mitad. Recuerdo que en una lejana tarde en el Istituto Italiano di Cultura di Barcellona Dacia Maraini destacaba éste entre sus libros, y decía también que era muy triste. La tristeza de la poesía y de los poetas, de los escritores, del romanticismo fue irremediable, fatal. La tristeza, en realidad, de lo íntimo, de la verdadera intimidad, por inerme, por indefensa. Pienso esto al recordar este libro y pensar en su carácter triste e íntimo. Pienso en que también tengo por leer la novela Teresa de Rosa Chacel, dedicada a reconstruir de modo imaginario el amor de Espronceda y todo el Madrid de un tiempo. La compré porque pensé que ha de estar muy bien. Me acordé el otro día, y pensé en leerla. Quizá pueda hacerlo este tiempo. Madrid. La ruta de Don Quijote de Azorín que se me apareció también otro día y quiero leer. Castilla, Cervantes. España. Poesía catalana. Griega. Lugares y encuentros de mí. Memorias. Historias del corazón. Recuerdo que Giuseppe Bellini, con su penetración habitual, en uno de los ensayos en que reflexionaba sobre mi poesía decía que en ella aparecían lugares más o menos ricos de arte, pero que lo hacían vistos y sentidos desde un punto íntimo, lo que traducía como en aquello que importa. Es así. En mi poesía y en mi vida. Casi nada lo dice con lo que siento son para mí Italia y Francia, sus lugares y su historia, sus escritores, sus libros. Me reencuentro con ellos a mí mismo. Recuerdo que en un texto en prosa escrito hace unos años titulado “Italia” hablaba de un libro misceláneo de Anna Maria Ortese, La lente scura, y expresaba mi deseo de leerlo. Aún no lo he hecho. Otra lectura. Otro reencuentro. Que me diga a Italia. Y que me diga a mí. En un bello poema dedicado a Francia Jorge Luis Borges dice, creo recordar, que Francia es una de sus pasiones, y está o tiende a ella su sangre. Desde luego lo está en la mía. Como Italia. Mi primer apellido es italiano -genovés-, y el segundo francés -gascón-. Lo dije e hice notar también aquel día lejano en la Maison de l’Europe de París. Como una pertenencia a la natural comunidad de cultura que son los países del Mediterráneo. Por eso buscar y encontrarme con verdades profundas para mi corazón las intensas, espléndidas novelas de un escritor siciliano, o los diarios de otro europeo del sur, un argelino nieto de una menorquina. Italia y Francia, sus cruces, sus cunas, sus encuentros. El estar siempre en ellas y no haberse ido. El esto sentir en ellos, y ser por completo verdadero. Que ir por esto a ella -Italia, Francia- sea en realidad, en el fondo, volver a ella. El día en que Giuseppe Bellini presentó el primer conjunto de poemas que escribí al empezar mi vuelta a la escritura -los 942 poemas de 2009 publicados en una tetralogía-, recordé junto a él, en mis palabras previas y en Milán, un día de 2016, el acierto que me parecía tenia su observación en tanto los lugares -y en especial los de Italia y Francia- eran sentidos por mí en lo que a mí me importaba, y que esto era de un modo íntimo, y por refrendar que es así recordé que lo decía un poema de uno de estos libros, que está incluido en el primero de estos libros, La poesía es un fondo de agua marina, y quiero traer aquí y cerrar con él estas palabras que ahora pienso voy a titular y reunir con las que él empieza, esto es, “Italia y Francia”. Y aquí el poema, que es algo, como todo lo que es verdadero en arte, que no se puede decir de otro modo :

 

ITALIA Y FRANCIA, LA ESPADA Y LA CAMPANA,

lugares donde respirar y donde estar,

más exactamente : estar en casa.

Viajar es siempre falso. No se viaja.

No escapa uno de sí mismo

ni encuentra nada que no esté ya en sus adentros

ni habrá lugar en que le esperen misterios

sino estaba ya para ellos predispuesto.

Viajar no es nada. No se viaja.

Dentro de uno mismo la vida ya se cumple

y se realiza. El adentro es embrión,

es latido, es semilla. Tierra única.

Más Italia y Francia y el Mediterráneo

antiguo y libre (porque el mar es siempre libre)

y el amor y los veranos y los tiempos que recuerdo

como infancias todavía respiradas

en el aire libre de la noche

que no aúlla. Italia, Francia, el amor,

tu alma y tu cara. Por encima,

debajo, sobre, siempre en las palabras.

 

 

DE “SIMULACROS” HABLÓ hace muchos años un crítico francés en relación a algunos de mis poemas de juventud, a lo que para mí mismo llamaba representaciones, y pensé que era acertado. Un crítico belga relacionó uno de ellos -el poema “Escena”- con un escritor italiano, Dino Buzzati, y pensé que también era acertado, igual que cuando lo escribí, a mis veinte años, yo no había leído a Buzzati. Pero esto no invalidaba el acierto de la relación. Simulacros o relaciones comprendidas en Francia y relacionadas con Italia, o sus escritores. Visión del mundo que puede ser también muy española, si recordamos el engaño del barroco, el gran teatro del mundo de Calderón, el mundo como teatro y representación y que no sólo está en los autores barrocos sino que llega a más recientes y persiste siglos, tal en las farsas y esperpentos de Valle-Inclán, en lo que constituye una corriente del sentir, pensar y decir la vida y el mundo. En este escritor mediterráneo, Gesualdo Bufalino, está este componente teatral e ilusiorio y que nos hace sentir el mundo como engaño y que puede quizá deshacerse en nuestros dedos o nuestros sueños o nuestras esperanzas -esto seguro. Es un escritor que quizá por ello ama España y lo español -tradujo, por ejemplo, las greguerías de Ramón Gómez de la Serna. Pero todo esto está también en el mundo clásico y en el Mediterráneo, está en un gran escritor de la literatura catalana en cuya construcción del mundo y sus personajes está esto presente, Salvador Espriu, y ha podido, puede apreciarse en mis poemas y mi escribir. Hay cercanía en el sentir la vida y las cosas, su confusión y su sentido, su secreto rumor. Causa, me causa un goce y un placer inmenso sentir el mundo como lo escribe y siente este gran escritor siciliano, Gesualdo Bufalino, y me alegra haber buscado y encontrado alguna ocasión de poder encontrarme de nuevo con él.

 

Barcelona, 29 de mayo de 2020

 

 

“ECCOMI A RIMUGINARE il dilemma di questa ibrida vocazione al grido e al silenzio ; e a dedurne una miserabile ipotesi : che scrivo altrettanto per amore di me che per una urgente, astiosa, travestita volontà di distruggermi” es lo que veo había señalado en mi anterior y quizá en la primera lectura de Calende greche. Había ido subrayando o señalando también ahora otras líneas o párrafos previos a éstas que encuentro ya marcadas, en el capítulo “Fratello ragno, sorelle mosche…”, dentro de la sección “Maturità”. Antes, el diálogo pensado y sentido de los padres con el artista y que se dirige a su dolor, a su soledad y a su misterio, “Ramanzina a una seggiola vuota”. La extrañeza de consumir la vida en uan pasión de arte, la conciencia de la incomprensión de todos, la soledad última y también con todo ello la necesidad inexcusable de así hacerlo, de así cumplir la vida, así consumirla. También con una sonrisa y el asomo de una ahogada pregunta en las comisuras de los labios. Entre el frío y el desprecio de los otros, en la soledad que es última y se acepta. Escribir por amor. Al escribir también construirse y perseguirse, destruirse también. La intensidad de las palabras de Bufalino se siente aún más profunda cuando transmite y refiere la pasión de la escritura, la pasión del arte, que marca una vida. La hace distinta y otra para siempre. Y duele y se acepta en su amor y su destrucción, en los que se une.

 

 

“QUALUNQUE SFORZO FACCIA, il mare no saprà mai essere un paessaggio convenzionale. Altretanto un cuore”. Es uno de los pensamientos en la sala de espera de un médico –“Pensiere, aspettando il turno…”-, que abren la sección última, “Vecchiaia e norte”. Antes, como último capítulo de la anterior, “Maturità”. La reconstrucción en cartas de un amor que al final no se sabe si ha sido amor o casi un juego de sueños y palabras. Así al final parece el amor -así sobre todo algunas veces. Y el mar nunca es el mismo -como el cielo, tal me hacía observar una amiga pintora-, como tampoco lo es el corazón, y a la vez, al mismo tiempo sí lo es. Y es paisaje único, lo son el mar y el corazón. Por ese cómo éste -el corazón- se reconstruye, sueña o imagina, se ausculta o toma el pulso, camina a pasos cortos o a largas zancadas, da un paseo infinito por las calles infinitas de una ciudad perdida o son los meandros caprichosos en que se dibuja un río también soñado o perdido, único y triste y sin poder ser otro en sus encuentros e innovaciones es un corazón en las palabras en que se dice, con que lo escribe y hace pedazos una vida o una obra un escritor de una lengua hermana que sientes canta adentro de la sangre y sientes tuya. Así el mar y así un corazón, las palabras con que una vida lo dice.

 

 

Y DESPUÉS DE escribir esto, al leer este pensamiento, leo este otro al dar la vuelta a la página y que subrayé en su día : “”Nessuno è più diverso dagli altri di quanto sia diverso da sé nelle varie età della vita””. Così Pascal nell’Esprit géometrique. Sarà vero ? Ho pensato or ora al mio cuore di quindici anni e l’ho sentito battere uguale, riottoso e tímido come allora, sotto i miei panni di anciano”. Lo volvería a subrayar. Porque en el corazón de la madurez, en el corazón cansado, quizá, seguramente también en el corazón final de la vejez, aún agazapados entre las sombras del tiempo y la memoria los sueños y las ilusiones de la juventud, de cuando éramos unos chicos y empezábamos a vivir. Así al menos lo siento igualmente yo, como dice aquí, quitándose quizá toda careta, el escritor siciliano. Detrás, después y debajo del tiempo y sus heridas, de sus dolorosas cicatrices, está aún, latiendo, el corazón muy joven que tenía ilusión y sueños, y así esperaba y empezaba a vivir. Y es por esto que hemos podido escribir. Es por esto, al menos, por lo que yo he escrito. Aún escribo.

 

 

EN “CONSUNTIVO”, HACIA el final de este libro de Gesualdo Bufalino, Calende greche, la voz que reconstruye una vida imaginaria que en el dolor de su conciencia no puede ser sino de quien la dice. Así dice hacia el final de esta vida : “Hai letto e scritto per sessant’anni, ogni giorno, como si beve, si mangia, si digerisce, si defeca. Mangiavi e bevevi libri, magiavi e bevevi vita, quindi spurgavi vita e libri su un foglio bianco e l’indomani ricominciavi. Mai hai pensato che questo dovesse dedicarsi agli altri, eri tu ad un tempo confessore e penitente, lingua e orecchio, vox clamatis et declamantis, da un deserto a un deserto, da uno stanzino di due metri per due a un abisso di cielo vuoti…”. Desierto, voz en el desierto, aventura de soledad. Pero se comprende después que aun sin quererlo y sin pensar en ello este desierto luego es desierto para todos, la soledad poblada.

 

 

NO QUIERO HACER LITERATURA Y YA NO LA HAGO, NO SÉ HACE CUÁNTO.

El arte es esto. Una vida para el arte es al final esta conciencia.

Las palabras están más allá de ellas mismas, como el amor,

más lejos y más cerca. No sirve la literatura, no la quiero

y no me vale. El arte es otra cosa. La poesía escondida.

Que está en todo, en cualquier parte. En cualquier recuerdo,

en el amor que aún duele. Una vida de arte no tiene en el fondo

especial propósito. Arte es todo. Más los sueños,

lo que duele. Queda esta vida dicha a sí misma

casi sin quererla decir, como si tal cosa, fuera ya

de literatura, sin voluntad para ella alguna. Arte solo,

y por ello para todos.

 

 

EL SILENCIO, EL SILENCIO CON QUE SE HA DE CUMPLIR

un destino de arte, una vida a él dedicada.

El silencio que no se comprende, no se respeta.

RIP. Resquiat in pace. Desear sólo una paz final

para quien para su silencio no tuvo comprensión

ni respeto. Y que ese silencio sea otro desierto,

desierto después de la soledad y para todos,

arte después de una vida, sólo arte ya al final.

 

 

POR FIN LA LUNA. ALTA EN UN CIELO

que amenaza lluvia, en la noche

húmeda. Alta, hermana. Madre.

De los más íntimos sueños,

de las verdaderas esperanzas.

Cada noche lo dice a la noche,

y vuelve a susurrárselo a esos sueños

y esas esperanzas.

 

 

AL FINAL LA NOCHE. AL FINAL LA NOCHE.

Después de todo.

 

 

Barcelona, 30 de mayo de 2020

 

 

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