Retour à la RALM Revue d'Art et de Littérature, Musique - Espaces d'auteurs [Forum] [Contact e-mail]
  
El gusano de fíerro
Navigation
[E-mail]
 Article publié le 10 mars 2024.

oOo

Eran las siete veinte de la fría mañana del día 24 del mes de octubre de 1955, cuando consulté en la muñeca izquierda mi reloj y vi la hora, que me resultó preocupante porque por ser lunes, debería estar minutos antes de las ocho en la secretaría de la Escuela Secundaria Antonio Caso de San Juan del Río, Querétaro, donde cursaba el segundo semestre del primer año y yo estaba saliendo apenas del Internado Indígena de La Llave, en mi bicicleta Raleigh, y la distancia era de 12 kilómetros, que recorrería en unos 30 minutos, como hacía todos los días de clase, si no encontraba ningún contratiempo.

Empecé a pedalear fuerte en la alameda que me llevaba hacia la salida, a la que pronto llegué, tras librar los tubos del piso, que impedían que el ganado se metiera o saliera. Aminoré la velocidad para cruzar sin brincos. Enfilé en la carretera sobre el bordo de la presa y me llegó la sensación de la humedad en la nariz de la laguna El Divino Redentor. Me puse los guantes y ajusté el barbiquejo de mi sombrero.

Volví a la preocupación de mi inminente llegada a tiempo y subí el ritmo de pedaleo hasta que pude alcanzar los 35 kilómetros por hora, como velocidad de crucero.

“¿Por qué estoy en este ilógico predicamento ?, me pregunté. Y concluí que era por mi habilidad para pintar, cuando el Subdirector Benítez me invitó a colaborar en la pintada de escudos de las banderas de la ONU.

Luego entonces tendría el control de las banderas, para repartirlas a los abanderados.

“—Compañero Quintanilla su desempeño es digno a de encomio –me dijo el Profesor Arístides Muñiz Rumbo, Director de la Secundaria—pues gracias a su apoyo las banderas están listas para ser enarboladas luciendo sus escudos encabezando el desfile conmemorativo del séptimo aniversario de fundación de la Organización de las Naciones Unidas.

Iba a buen paso, más no debía de confiarme, pues los imponderables están siempre al acecho. Por ejemplo, una ponchada de llanta era muy común porque materialmente las llantas avanzan sobre una alfombra de espinas de mezquites de los árboles que la planta produce y se desprenden fácilmente.

De la salida de la presa hasta el puente aproveché lo plano para acelerar un poco. Entré a la calzada de los alcanfores y me metí por el atajo que te lleva por el maizal hasta el cruce de la salida al poblado de San Pedro Aguacatlán. Di gracias a Dios de no haberme cruzado con ningún humano o bestia. Al meterse por la maraña de mezquites porque la milpa está un poco más abajo del nivel de la carretera y tanto al entrar como al salir, no ve uno nada y se va uno al riesgo. Enfilé por la calle que delimita el pueblo con el magueyal y llegué a la recta de dos kilómetros de largo, que te lleva hasta chocar con la carretera asfaltada que te conecta con Tequisquiapan a unos quince kilómetros y al llegar a la vía del tren y como de costumbre y eché una mirada a ambos lados “por si las moscas”, sabiendo que normalmente no circula tren por ahí ; pero siempre hay la posibilidad de que un armón de palanca que se utiliza para impulsar el vehículo, aparezca, es peligroso porque casi no hace ruido y no lo ves.

El sonido de las llantas de la bicicleta al entrar en contacto con el asfalto evidenció mi avance. Hubo necesidad de forzarme un poco en el cerrito ubicado antes de La Guitarrilla ; me alegró sentir la brisa sin necesidad de pedalear. Pasando el viñedo logré llegar a unos cien metros del cruce de la vía y por mi mente pasó la temeraria idea de cruzar antes de que el terrible gusano de fíerro avisara con un potente silbato, su arribo a San Juan del Río. Ni en una motocicleta de carrera hubiera podido pasar antes.

Mi preocupación aumentó cuando percibí la gran cantidad de vagones que fueron pasando, hasta que a las cansadas se detuvo ; pero se movió como unos diez metros, avanzó otros diez y se detuvo.

“Tengo varias opciones. La primera, esperar hasta que termine de pasar. La segunda, la más alocada, subir por el engrane con la bicicleta al hombro cuál Pípila y cruzar por en enganche entre dos vagones.

Me acordé de cuando crucé por la presa tras de José que iba cargando mi bicicleta, colegí que con mi metro treinta y tres de estatura y treinta y tres kilos de peso no pude hacerlo. Ahora con un metro cincuenta y siete de alto y cincuenta y cinco kilos de músculo logrados tras muchas semanas de ir y venir en la bicicleta veinticuatro kilómetros de lunes aa viernes. Ya tenía posibilidad de hacerlo.

Y como dijo el ratón una vez encarrerado : “ !Chingue su madre el gato !”, cargué la bicla al hombro y cual araña subí al tren y tras mucho batallar la pasé al otro lado.

Monté sobre mi caballo de llantas y aceleré metiéndome por mi acostumbrado laberinto de callejones que me permitían ahorrar tiempo y salí frente a la estación de autobuses Estrella Blanca. Giré a la derecha y agarré por toda la carretera hasta llegar al portón de mi destino. Metí la bicicleta a su lugar y dejé mis cosas. Entré a la secretaría dos minutos antes de las ocho, ante la mirada sonriente del maestro Benítez.

 

Un commentaire, une critique...?
modération a priori

Ce forum est modéré a priori : votre contribution n’apparaîtra qu’après avoir été validée par un administrateur du site.

Qui êtes-vous ?
Votre message

Pour créer des paragraphes, laissez simplement des lignes vides. Servez-vous de la barre d'outils ci-dessous pour la mise en forme.

Ajouter un document

Retour à la RALM Revue d'Art et de Littérature, Musique - Espaces d'auteurs [Contact e-mail]
2004/2024 Revue d'art et de littérature, musique

publiée par Patrick Cintas - pcintas@ral-m.com - 06 62 37 88 76

Copyrights: - Le site: © Patrick CINTAS (webmaster). - Textes, images, musiques: © Les auteurs

 

- Dépôt légal: ISSN 2274-0457 -

- Hébergement: infomaniak.ch -