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![]() oOo EN EL MONASTERIO DE LA MURTRA. EL CAMINO ES UN RECUERDO -de infancia. El tiempo vivo en lo antiguo. Me recibe el claustro, los árboles. Carlos I muy joven, a los 19 años, retratado, esculpido en una ménsula de esta fachada que pagó, en la otra ménsula quizá su hermano Fernando. Veo en la puerta anunciado entre los actos de la Semana Santa esta disertación mía sobre poesía y silencio. Hace tan buen día que voy a hablar fuera, al aire libre, donde ahora escribo. Entre los árboles, entre los pájaros. Ante esta fachada y las celdas. El mar cerca. Cerca la poesía y el silencio y lo hondo y lo misterioso y lo imprevisto. Así lo siento en el campo, en el jardín de este Monasterio. Poesía y silencio corazón adentro, misterio junto en el alma del hombre, don y bien.
EL AIRE, EL CANTO DE LOS PÁJAROS. TODO ES misterio y es secreto, verdad antigua. Que adentro canta.
LIRIOS MORADOS EN SU BELLEZA JUNTO A LA FACHADA ESPLENDEN. Como el silencio lleno de futuro y de verdad esplende.
EL MAR, EL MAR DESDE EL MONASTERIO, AL QUE desde él llegó Colón. La verdad del mar, la aventura imprevisible del mar. Cantan los pájaros mientras lo contemplo y sé que todo es cierto.
LOS CIPRESES Y LOS ÁRBOLES JUNTO AL MAR. El amor junto al mar. La verdad junto al mar. La poesía junto al mar.
LAS GLICINAS SOBRE EL POZO, LOS CIPRESES junto a la torre, los pájaros que cantan, el aire en que todo es verdadero.
EL PAISAJE COMO EL DEL CAMPO DE MI INFANCIA. Adentro canta.
EL MAR, EL MAR. NO SE ACABA el mar. Como el amor el mar. Adentro canta.
EL AIRE ENTRE LOS ÁRBOLES, LA MAÑANA en el Monasterio de San Jerónimo de la Murtra. Colón. La poesía y el silencio. Lo que nos congrega, lo que nos hace aún algo sentir y decir, lo que nos salva.
JARDÍN DE SANT FRANCESC. AQUÍ HABLARÉ -DE LA POESÍA y el silencio, Me han dado antes un tiempo para mí. Jardín, tiempo para ti. Árboles, raíces, misterio, poesía : así el tiempo para ti. Así lo siento y digo en el jardín y antes de hablar en él del Monasterio de San Jerónimo de la Murtra. La poesía y el silencio son senderos, son misterios. Como el vivir todo. Alguna vez de muy intenso modo así lo percibes y sabes, sientes. Ahora en este Monasterio, en el poema que lo dice, intenta decirlo. Todo poema es una aproximación al fondo, a la luz que hay en el fondo, Dios en sus nombres escondidos, remotos. Inagotables. Dios, como la poesía y el silencio inagotable. Así sentirlo junto al mar en el jardín de este monasterio. Hacer de este misterio y este sentir poemas -algunos, éstos, que podrían ser otros, pero el fondo inagotable al que se acercan en su verdad igual es, perdura.
PONEN AL LADO DE DONDE VOY A HABLAR UN ECCE HOMO. Jaume Aymar me dice que es del tiempo de los frailes. Que se salvó cuando la guerra porque lo escondió y custodió escondido en un armario de su casa una señora. “Impresiona”·, me dice Jaume. “Tiene una mirada”. Bajo esa mirada voy a hablar. Y entre los árboles y el canto de los pájaros. La poesía y el silencio son verdades y acompañan. Los hizo Dios. Del bien de Dios digan, a él nos lleven. Y nos salven.
EN LA PAZ DE DIOS. EN LA PAZ DE DIOS. Cantan los pájaros, el aire fresco y bueno en esta mañana en este monasterio y en los poemas. En la paz de Dios.
FLORES VIOLETAS. LOS POEMAS FLORES VIOLETAS. El alma flor violeta. En las manos de Dios.
TODO EN EL MONASTERIO ES MISTERIO. Todo en el amor es verdadero.
EL MAR, EL MAR DESPUÉS DEL SILENCIO, de las palabras dedicadas a la poesía y al silencio. El silencio como un mar. El aire de la mañana en este Monasterio y el silencio adentro como un mar. Que en la poesía canta, y salva.
EL MAR, EL MAR, DESDE Y JUNTO A LAS PAREDES de este monasterio y entre los árboles. El aire da sus pasos que son soplos y son alas como son los de los poemas. Que vienen del silencio y del misterio, dicen el adentro, y al decirlo nos salvan.
LAS FLORES, JUNTO A MÍ UNAS FLORES AMARILLAS. Pienso en el silencio y el lenguaje de las flores. Lenguaje del silencio adentro en su misterio los poemas. Lo sabe en su verdad el aire.
EN SU VERDAD EL AIRE. EN SU VERDAD EL AIRE. Desde el silencio en este Monasterio quizá más verdad, más alto misterio.
MISTERIO, MISTERIO. VERDAD Y MISTERIO. SILENCIO. Hoy Viernes Santo en este Monasterio. Palabras sobre la poesía y el silencio. Las palabras siempre son aproximadas. Pero no el alma. El alma es profunda, verdadera. Agua honda. Agua honda dentro de un pozo que además es también aire, verdad y aire, respiro, niño, amor en su pureza nunca abatido. Con él todavía posible el poema.
EL AIRE, EL AIRE ENTRE LOS ÁRBOLES. EL MAR al fondo. Condesciendo hasta el mar con la mirada, aquel verso de Folch que edité tan joven, a la edad en que él murió. La verdad de la muerte es que se sigue en la vida. Se sigue en la vida en el misterio y en la poesía. Mientras se sienta, mientras se escriba. Así en unos versos me llega hoy Viernes Santo tras hablar sobre la poesía y el silencio en el Monasterio de San Jerónimo de la Murtra.
EL SILENCIO ES UNA PAZ. El silencio es una paz. El poema es una paz. En un Monasterio lo siento, lo escribo. Todo sueño antiguo reverdece y vuelve a ser cierto en el poema y el silencio, si se le sabe escuchar. Dar alas y escuchar. Que las alas sean los poemas que tras él nazcan.
LA POESÍA Y EL SILENCIO. NADA PARA OLVIDAR en el continuo olvido, la constante devoración que son los días. Nada que la poesía no pueda salvar. La poesía, distinta a todo y a la vez en todo, necesaria, imprescindible. El pan de cada día y el don raro por precioso y único. Tú, poesía, silencio. En la paz. En Dios.
LA CRUZ. EL SILENCIO Y LA CRUZ. El poema y la cruz. El poema cruz. El poeta en el poema el madero y los clavos y quien en él muere. Da la vida en el poema, y el poema es de Dios. Todo es de Dios en el poema si es de verdad poema. El aire ligero en este día tan bueno en el Monasterio de San Jerónimo de la Murtra me hace así sentirlo, escribirlo.
ANTES DE ENTRAR EN LA IGLESIA ME SIENTO EN UN PEQUEÑO BANCO que está justo casi donde he hablado. Carlos I en una ménsula, el Ecce homo ante el que rezaron los frailes, el soneto que he leído de un fraile del siglo XVI de este Monasterio y que es quizá el primer soneto en catalán. “Parece de Foix, o los de Foix parecen éste del fraile”, le digo a Jaume Aymar tras leerlo. Un olivo junto a mí. Espero en un olivo. En un poema. El poema, olivo. Aire nuestro, pan nuestro. Aire como el que ahora me llega en el jardín del Monasterio de San Jerónimo de la Murtra y gracias al que vivo y al y en el que escribo este poema.
UNA GOLONDRINA ENTRA EN LA IGLESIA. Somos esta golondrina -el poema.
Monasterio de San Jerónimo de la Murtra, Viernes Santo, 18 de abril de 2025
SE HAN APRECIADO de verdad mis palabras y mis poemas en el Monasterio de San Jerónimo de la Murtra. Y tú me traes de vuelta a casa, madre, por ti me dejan en la puerta. El bibliotecario del Monasterio y su mujer. He leído el poema dedicado a tu padre, por su presencia misteriosa en el silencio y cómo a través de él nos ha llegado, y he apuntado el médico que fue. Este médico que ha dicho, me dice la mujer del bibliotecario cuando empezamos a salir del Monasterio, aún en él. Pero no es Trueta ni Corachán, no, el otro, me dice, y sí, en efecto es Balanzó. Es el primo de tu padre, Emili, el pediatra. Salvó la vida de su hija, que tiene cincuenta años y está sana. Les dijeron recién nacida que tenían que dejarla morir. Llamaron a Emilio y la salvó. En el coche me lo cuentan con más detalle. Yo les digo que era diez años más joven que tu padre y que lo quería mucho -a tu padre. Que tú fuiste su primera paciente. Que con motivo de un aniversario de la familia nos tratamos más con su hijo Xavier, que también es médico (sí, su hijo era médico, dice la mujer), y nos dio una nota de su padre en que tú eras la paciente, tú bebé. Que este respeto por tu padre le hizo encargarse de elaborar la ficha que se publicó en el Colegio de Médicos y en la que consta cómo hizo el tratamiento de las heridas de guerra con Corachán y Trueta. Respeto y cariño que sentía por él su padre –“mi padre siempre decía : Antoni”, recuerdo nos comentaba, y trasladaba la emoción que al decir su nombre había. Digo su nombre completo, el de este primo también médico que salvó la vida de la hija de estos ya amigos : Emili de Balanzó Cabot. La mujer me dice : esto, Cabot. Pasamos por tu colegio de camino a casa, el Sagrado Corazón de Diputación, a una manzana la casa en que naciste. Ayer estuve. Aquí, desde aquí, desde esta calle la viste las últimas veces cuando volvíamos del mar. Tú llevabas a mi padre, a papá, a la Murtra, me lo dijiste la primera vez que allí fui, y siento que tú hoy me has traído desde él a casa. Me has conducido. Tú y el bien que fue tu padre, que allí he dicho. El mar al fondo. Dios al fondo. Tú al fondo. Madre.
Barcelona, Viernes Santo, 18 de abril de 2025
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Commentaires :
Santiago Tus bellos poemas, que son a su modo una suerte de prosa poética con la medida y el ritmo del corazón, encuentran en ese sacro lugar un ámbito apropiado para la meditación literaria. Además del mar y de otras cosas/símbolos, me detuve un momento en los cipreses, esos árboles que acompañan también a los muertos ; palabra pre-griega que, moviendo en nosotros la idea de elevarnos, nos estimula a la poesía. Saludos, Raúl