|
||||||

| Navigation | ||
![]() oOo Salir de mi sueño fue relativamente fácil porque me sentía observado y esa inquietud me despertó, y abrí los ojos, para encontrarme frente a Chanita con una chispeante sonrisa. ---Ya está tu desayuno. No quise hablarte porque tenías una carita de ángel que me dejó embelesada. ---¿Y cuál es la prisa ?--- pregunté al ver mi reloj, que marcaba las siete y media ---Me interesa que estés bien llenito y espabilado disfrutando lo que te preparé. Son unos huevitos rancheros sobre tortilla con salsa de tomate frita, como te gusta. Vamos, ya levántate. Es tiempo de probar el desayuno. Parsimoniosamente me levanté y fui al baño a ponerme en disposición de tomar un rico platillo, sentándome a la mesa. Con mucha diligencia luego me ofreció una taza de café bien caliente. ---Bien sabes como me gusta el café puro. Vamos a ver Amor ¿a qué se debe tu inquietud y la desesperación que noto en ti ? —No hice motuleños porque no hay lana para los implementos. ---Pero, ¿qué te preocupa ? Saca de mi cartera y compra lo necesario. ---Es que tu cartera está más seca que un pedazo de carne salada. ---¿Revisaste bien en todos mis escondites ? ---Hasta donde no tienes la menor idea. No tenemos ni un centavo para comer. Ni hoy ni mañana… y la quincena todavía está lejana. Presta con don Javier o con quien se te ocurra. ---Voy a ver qué hago porque no tengo idea de quién pudiera prestarme fuera de lo que señalaste. Me voy a la oficina a ver si allá sale algún amigo. ---Buenos días don Tono ¿Podría, digo, puede y quiere facilitarme, es decir, prestarme unos doscientos pesos ?--- le solté a boca de jarro. ---¡Huy, este ! Que susto me dio usted señor Licenciado. Muy buenos días. ¿Doscientos pesos, mi querido Licenciado ? --- muy azorado preguntó—. A veces le gusta bromear muy fuerte. ---No, no es broma. En verdad necesito cuando menos esa cantidad. ¿Cuento con su apoyo ? ---Si se trata de mi apoyo moral, cuente con ello sin condiciones. ---Lo sé y se lo agradezco de todo corazón ; pero yo hablaba de dinero. Necesito al menos… ---Lo entiendo señor Licenciado porque con este tren de vida que están llevando con su hijo Chusín. ¡Son muchos cuidados y gastos ! Sí lo entiendo, como dije, porque como no le entramos a las trácalas, nuestro ya de por sí raquítico sueldo, apenas nos permite ir cascareando. ¿Por qué no habla usted con… ---hizo un gesto con la cara dirigiendo la vista hacia afuera. ---¿Con quién, dice usted ? ---repitió el gesto. ---Don Carmaincito. ---¿El cacique ? ---Es muy buena persona y es muy comprensivo ---Pues lo voy a pensar Antes de las dos de la tarde, tras despedirme, llegué a la casa arrastrando materialmente las patas. ---Por tu expresión deduzco que no conseguiste nada, pero : TATARATÁ, TATARATÁ, TATARATÁ, TAAA TÁ ---tarareó la fanfarria de la Metro Goldwin Mayer--- tenemos de comida chorizo hecho con naranja, que fabrican los vecinos y lo acompañé con frijoles de un poquito de grano que quedaba de una bolsita que andaba perdida por ahí La abracé muy efusivamente y se quejó de que la iba a desbaratar como cuando le conté de mi percance en el lodo, él día en que nació Chusín. ---Perdón, perdón, me ganó la emoción, y lo dije en verso sin esfuerzo. Reímos de mi chiste tan insulso y aproveché para contarle lo que me dijo Don Toño sobre el cacique. ---Voy a verlo al rato para pedirle prestada la lana. ---¡Mangos ! ¡Iré yo !---dijo—. Si vas tú me vas a dejar viuda. No se diga más. Después de una siestecita, mi bella esposa comenzó a vestirse con una blusa blanca y un pantalón rojo que le quedaron muy bien. Su bolso rojo de charol, hacía juego con su vestimenta y con el color de sus labios ---¡Me llevas ! —recalcó,—No estoy en disposición de quedarme viuda hoy. Tú me esperas en el Toyota y sigo sola. No cerca, para que no se note que me llevaste. Me estacioné a unos cien metros de la entrada, enfrente de una planta muy grande de maíz de guineo o amaranto. Dejé de ver su bello contoneo en cuanto se cerró la puerta. Treinta y dos minutos y medio después de haberme comido hasta las uñas de los pies, se abrió el portón y apareció mi amor, luciendo una expresión que me recordó a La Mona Lisa, por lo enigmática. Caminó directamente hacia mi y subió al yip. ---¡Cuenta, cuenta ! ¿Cómo te fue ? ---Muy bien, pero déjame contártelo en casa, saboreando un cafecito con canela. ---¿Ya estás lista ? --- Yo ya lo estoy --- asintió. ---Te escucho. ---Para comenzar---puse mi bolsa sobre mi regazo—. Todo salió bien. En la puerta me identifiqué y un pistolero me guió a la oficina que sobresalía en el centro del estacionamiento. El hombre tocó sin esperar respuesta. Adentro encontramos a don Carmain sentado junto a una mesa cuadrada de metal, como las de promoción de las cervecerías. ----Buenas tardes don Carmain ---con un gesto me invitó a tomar asiento y lo hice frente a él.---soy…soy.. “…sí, ya sé quién es. Qué bueno que vino porque ese su licenciadillo un día de estos me lo echo. Ya llevo cincuenta y ocho cabezas negras que me he despachado con ésta ---palmeó con su mano derecha, sobre el arma que sobresalía bajo la falda de su camisa--- más los que he mandado a matar. ---Bajé mi mano derecha y la metí en el bolso para agarrar la pistola Star. ---¿Qué le hizo mi marido que quiere usted matarlo ? ---Ha metido a mis hombres a la cárcel y los tengo que ir a sacar yo, y nadie me para, porque yo soy el jefe de este pueblo y todos me obedecen y me respetan, menos su esposo. ----Por algo han entrado en la cárcel ---.dije--- No por algo bueno. ¡Y qué bueno que me lo acaba de decir ! ---corté cartucho apuntándole ---porque aquí me lo echo a usted primero. ---Los cuatro pistoleros se envararon con sus armas, pero don Carmain los calmó con un gesto. ---¿No me tienes miedo, muchacha ? Mis hombres te van a matar. Además tú no me vas a matar, porque eres cristiana y si lo haces te vas a ir al infierno ---Pues nos iremos juntos. Yo le tengo miedo y respeto a mi Dios, pero usted es como cualquiera que hace sus necesidades, como todos Si llegara a matar a mi marido, cualquier persona, yo me voy contra usted y contra todos sus pistoleros. Más le vale cuidarnos. ---Palabra de Carmain Do Santes que mientras estén ustedes aquí, tendrán mi protección. Respeto y admiro a las personas que tienen el valor de enfrentarme en buena ley. Son las primeras personas que lo han hecho. ---Pues más le vale, porque no sabe usted de lo que soy capaz, cuando atacan a mis seres queridos. ---Y a todo esto Chanita, ¿a qué se debe tu visita ? ---Vine a empeñarle mi pistola por doscientos pesos, porque no tengo para la comida de mis hijos. Se soltó una gran carcajada y sacó de su cartera los doscientos. ---Mira muchacha, llévate tu pistola y toma los doscientos pesos como un regalo. Vete tranquila. ---Gracias don Carmain ---dije y salí con paso calmado. ---¡Ah bárbara, Chanita ! Te ganaste su respeto. —¡Nos ganamos su respeto, diría yo ! Al otro día, alrededor de las doce, la inquietud hizo presa de mi y dejé a don Tono a cargo del changarro. Pretexté la necesidad de una escala técnica y me dirigí a la casa. Me encontré a Chanita cantando un himno, como un bello jilguero. ---Percibo, además de la belleza, que irradias mucha energía. ---Ven, vamos al comedor. Quiero que pruebes algo. La seguí y me señaló una silla para sentarme y lo hice. Fue contoneándose al refrigerador para sacar un platito con un pedazo de doble crema. ---¿Y eso, acaso vino Don Melitón ? ---Ese tu amigo hace buen rato que no te lleva queso. Me gusta el que hace con chile mira pa‘arriba. Este lo trajo personalmente don Carmain. ---¿A qué hora vino ? ----No mucho después de que te fuiste. Yo estaba en la cocina cuando escuché en la puerta de calle un ”Buenos días, Chanita. ¿Puedo pasar ?”. Me acerqué a ver desde la sala y era don Carmain con su chofer, quien cargaba el queso. Llegué a la rejita. ---Mi marido no está. ---Lo sé. Vine a verte. Traigo este queso para ustedes. Quiero probar, de paso, ese café con canela, estilo Oaxaca que haces y todos elogian. ¿Me puedes invitar a probarlo ? Quité la rejita y los invité con un gesto, a pasar. Se sentó en una silla del comedor y pusieron el queso en la mesa que luego acomodé en un plato. ---¿Me disculpan, por favor ? --- me dirigí a la cocina y llené la cafetera con agua y la puse en la estufa---. Con este clima el agua hierve pronto ---dije. Al comenzar la ebullición le puse el café puro de Yajalón y le agregué una raja grande de canela. Luego lo tapé después de que hirvió y se asentó. Llevé las tazas, con sus platitos, cucharas y el azúcar a la mesa y procedí a servirlo. Corté un pedazo de queso y se lo pasé en un plato. Me vio con extrañeza. ---Pero este queso es para ustedes. ---Pero quiero que lo pruebe. ---El queso esta muy bueno. Lo hacemos en mi rancho. ---Pruébelo. ---¿Qué te preocupa ? ---Que esté envenenado. ---¡Ay muchacha ! ---cortó un pedazo de queso y se lo llevó ala boca, saboreándolo—. ¿Ya estás satisfecha ? ---Sí, gracias. Le serví el café y me pasó su taza. ----Por favor pruébalo. ---¿Y eso, don Carmain ? ---¿Cómo sé que no está envenenado el café ? --- Me serví una taza y le puse azúcar. La alcé frente a él. ---Salud ---dije Don Carmain levantó la suya y completó. : ---Salud Chanita, muchacha terrible. |
|
|
Revue d'Art et de Littérature, Musique - Espaces d'auteurs | [Contact e-mail] |