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![]() oOo Aquella tarde de sábado de los inicios del mes de noviembre, de la década de mil novecientos ochenta, viajaba yo con Jorgito por la Selva Negra en el coche Dodge dart 76 y al salir de la curva, que cruzaba por el centro del poblado de Rayón, Chiapas, con rumbo a Piichucalco, nos encontramos en medio de la carretera, un gato mecánico vertical de cremallera y no pude frenar, ni lo libré, atropellándolo. Sentimos el trancazo y se escuchó un sonido metálico muy fuerte que repercutió por la parte baja del motor. — -¡Chispas !---grité— parece que el gato le dio al cárter. Logré reducir la velocidad y nos estacionamos en una saliente de la orilla. Bajamos y destapé el cofre para ver si había algo mal y todo estaba en su lugar. En lo que Jorgito iba por el gato, yo utilicé el nuestro para levantar la parte delantera del coche, aprovechando puse la cremallera en la defensa y de paso acomodé una piedra detrás de la llanta trasera, como calce para evitar movimientos no deseados. Jorgito se metió debajo del coche y con el foco de mano que siempre llevaba en el dart, revisó el cárter y encontró la fuga del aceite — Ya nos llevó la tostada –dijo -al cárter se le hizo una grieta y por allá se va a ir todo el aceite. — Hazte un ladito para que yo vea—le dije a Jorgito. Con ayuda del foco chequé la grieta que resultó como de un centímetro y medio. — Jorgito ve si en aquella tiendita tienen jabón azul y si te regalan ceniza. Con esa mezcla hice una pasta y pude cerrar la grieta, y esperamos hasta que se endureció. Levantamos nuestras cosas y seguimos a Pichucalco, donde repostamos gas y cenamos para continuar nuestro viaje hacia Chetumal. |
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