|
||||||

| Navigation | ||
![]() oOo Justo delante de la ventana de mi habitación, en la clínica adonde fui trasladado después del choque, se alzaba en el jardín un árbol muy grande, un cedro del Líbano, de largas ramas extendidas, de un verde casi azul. Empecé a mirarlo durante horas, con la cabeza vuelta sobre la almohada, acostado boca arriba en la cama ; en realidad, todas las horas que no dedicaba al sueño y a las comidas, porque estaba siempre solo, habiendo hecho saber desde el primer día a mi madre y a mis pocos amigos que no deseaba visitas. Miraba el árbol y sentía una desesperación total, pero serena y, por así decirlo, estabilizada, la que puede sentirse después de una crisis que, aun no siendo resolutiva, se consideraba, no obstante, lo máximo que se puede afrontar. Aquello que a falta de términos más apropiados debía llamar suicidio no había resuelto nada ; pero haberlo intentado me hacía pensar que al menos había hecho todo cuanto estaba en mi mano : no podía hacer nada más. En otras palabras, el hecho de que hubiera intentado suicidarme confirmaba la seriedad de mi empeño. No había muerto, pero al menos me había demostrado a mí mismo que antes que continuar viviendo como hasta ahora, había preferido la muerte y la había preferido en serio. Todo esto no mitigaba el sentimiento de desesperación que colmaba mi ánimo, pero introducía cierta serenidad fúnebre y resignada. Había llegado de verdad hasta las regiones oscuras de la muerte ; y ahora, aunque fuera sin esperanza, no tenía más remedio que vivir.
El tedio Seix Barral, 1986 Miguel de Loyola – Santiago de Chile - Año 2002 |
|
|
Revue d'Art et de Littérature, Musique - Espaces d'auteurs | [Contact e-mail] |