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Rafael Lozano - Presentación del libro Hasta el final camina el canto de Santiago Montobbio
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 Article publié le 3 mai 2015.

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I
Buenas tardes y bienvenidos a este acto que esperamos que sea ante todo una cálida reunión de amigos. Permítanme empezar agradeciendo la acogida al Ateneo Barcelonés, que como hace dos años nos ha ofrecido la posibilidad de usar esta Aula de los Escritores. También queremos agradecer muy especialmente a Amelia Romero, editora de Los Libros de la Frontera y de la colección de poesía El Bardo y digna continuadora de un ingente y riguroso esfuerzo editorial que el año pasado cumplió 50 años y que se cuenta entre los más notables de la edición en castellano, con una historia que ha sobrevivido a avatares políticos y a la censura y que se adorna con nombres como Vicente Aleixandre, Ana Maria Moix, Gabriel Celaya, Pere Gimferrer, Félix Grande, Salvador Espriu o J.V. Foix.
También sentimos una enorme gratitud hacia nuestros dos ponentes de hoy, Amaranta Sbardella y Klaas Wijnsma. Ambos han venido expresamente desde Italia y los Países Bajos, respectivamente, para arropar al autor con su presencia y sus palabras. Como entre el público veo caras conocidas, sospecho que también a algunos de ustedes les sonarán porque ambos son amigos de Santiago y han estado presentes en anteriores presentaciones. Luego les presentaré con más detalle, pero baste decir por ahora que Amaranta participó en la presentación del último libro de juventud de Santiago, Absurdos principios verdaderos, en el centro de la UNED de Barcelona, en el año 2011, un acto en el que ya se leyeron algunos poemas de la nueva obra de madurez del autor. Por su parte, Klaas estuvo con nosotros hace dos años en este mismo escenario en la presentación de Los soles por las noches esparcidos y nos sorprendió con sus traducciones al holandés de poemas de juventud de Santiago.
Antes que nada les voy a recordar que éste que presentamos hoy es el tercer libro de lo que finalmente será una tetralogía, un conjunto de cuatro volúmenes en los que se recogerá la totalidad de los 942 poemas que Santiago Montobbio escribió en el 2009, los 438 que nacieron en tres semanas de marzo y unos pocos días de abril, que vieron la luz alternados en dos títulos complementarios, La poesía es un fondo de agua marina y Los soles por las noches esparcidos, y los 504 que surgieron en verano y otoño, que empiezan a verse, esta vez todos seguidos, con este Hasta el final camina el canto y acabarán de salir a la luz con un último volumen, que si nada falla tendremos en nuestras manos en más o menos un año. Sucederá así algo pocas veces visto, creo yo, en el ámbito de nuestras letras : que un autor de poesía vea publicada una obra tan extensa en un tiempo tan relativamente breve, cinco años. Si el primer libro se podía concebir como una antología, el segundo representó la consolidación del proyecto y el compromiso total de la editorial con éste, que al final se completará en dos volúmenes, el presente y otro más, sólo por una cuestión de logística : es comprensible que un libro que abultase el doble que éste sería difícil de distribuir y de vender. Cosas de la incontinencia poética de nuestro amigo Santiago.
El compromiso con la poesía de la colección El Bardo al que todos debemos estar agradecidos tiene una muestra más en la publicación de estos poemas, o este gran poema por etapas, que de las dos formas se puede entender esta eclosión, este estallido, esta erupción necesaria y gozosa que vivió Santiago en el año 2009 después de 20 años de silencio creativo y que por fortuna esta vez no se ha detenido. Sabemos que su producción continúa ahora en la forma de una prosa poética que ya se insinuaba en los largos poemas nacidos en esos días del año 2009.
Como también por suerte esta vez los poemas se han podido publicar en el orden en que fueron escritos, si se fijan en las fechas verán que van del 31 de julio al 17 de agosto, y que esa temporalidad o estacionalidad marca el tono general de estos poemas : hay en ellos vida, mar, campo, siestas, desayunos, hasta ardillas, sin renunciar a la profundidad poética a la que Santiago acostumbra y que nace del mirarse dentro, profundamente, pero esta vez enriquecida por el goce de la vida. En el conjunto de ese escribir arrebatado y sin trabas que caracteriza la obra de Santiago, estos poemas destilan a mi entender un extra de gusto por la vida.
No me quiero extender más, pero déjenme llamarles la atención sobre un aspecto que a menudo pasa inadvertido y tiene una gran importancia : la calidad de la edición de esta colección. Amelia Romero tiene la suerte o el acierto de contar en su equipo con un diseñador, Ferran Fernández, que también es poeta, y poeta gráfico, y pone todo su arte en componer cada página con el mayor cuidado. La calidad en la edición es algo que a menudo no se aprecia cuando se tiene, pero se echa de menos cuando no se goza. Gócenlo ahora que pueden.

II
Ya que en otras presentaciones les torturé con lecturas de poemas largos, esta vez he optado por composiciones más breves, como para compensarles. En alguna ocasión, hablando con Santiago, hemos coincidido en que en la poesía cada uno encuentra lo que quiere, que no tiene por qué ser en absoluto lo que quería expresar el autor. Yo me he fijado en dos piezas que a mi modo de ver expresan actitudes del poeta ante la obra, ante el hecho creador, y en un tercero que habla de otra cosa. El primero, del 8 de agosto, nos habla del poeta como creador también de la realidad, de una realidad que nace en su interior, ajena al mundo externo, autónoma en su poder absoluto. (548)

LLUEVE. LA VERDAD ES QUE NO LO HACE
(quizá pueda pronto hacerlo), pero así empieza el poema
y lo pongo en las palabras y también así
en verdad sucede. En la escena
que los versos se figuran y en los que
otra más alta verdad se trasparenta. Llueve,
o nieva, o el viento ulula
en caminos perdidos, y mientras
cavo agujeros en la noche o creo versos
soy un niño y también un antiguo
dios que cruje entre mis dedos. Último
a él me entrego, como viento
cierto que nace
en el adentro. (En él
me extiendo).


El segundo, del día siguiente, 9 de agosto, nos habla de la urgencia de la creación que acosa a Santiago y es propia de su manera de hacer arte, de cómo él lo vive de una forma única, que puede resultar difícil de entender. Santiago, recordémoslo, escribe de un tirón, sin corregir nunca ni una coma ni eliminar poemas, arrebatado por una musa casi inconcebible para quienes, como yo, tenemos el oficio de reescribir una y otra vez hasta hacernos inteligibles. La contrapartida horrible de ese don divino que posee Santiago es hallarse ante la eventualidad de sentirse de pronto poseído por la inspiración y no tener con qué escribir. Y así va el poema : (556)

SOBRE EL CIELO IMPOSIBLE. SE ME OCURRE ESTE PRINCIPIO
de poema o de verso pero estoy
tendido a la sombra de un pino
sin papel ni bolígrafo. Sobre el cielo
imposible ha de quedar huérfano
y como ritmo que desarrollarse no pudo,
germen, célula o núcleo vivo
que en un hueco o una sombra
quedó dormido. Pero vivir también se nutre
de estos ritmos perdidos. Yo creo
que para siempre se pierden, porque el arte
tiene su tiempo y nos asalta en caliente
y sólo en el momento, pero acaso también sea cierto
que queden en suspenso, en el silencio
dormidos, y me naveguen en las aguas
del adentro y a la poesía y a la vida
de otra forma vuelvan, semilla
que después fiel se cumple, nube
que acaso cambia de forma
pero aparece de todas todas, sobre
el cielo imposible, como en el principio
del verso que bajo un pino ahora yo pierdo.
En la sombra me tiendo y ya no discuto más sobre poética.
(Este poema sucede por dentro).


Acabo con un poema de contraste. Si el primero que he leído hablaba de la autosuficiencia del creador y el poder total de la poesía, y el segundo insistía en la misma línea, en éste, también del 9 de agosto, se manifiesta el deseo de salir de sí mismo, de las sombras y las grutas, dice, y disfrutar la vida, con una invocación al optimismo vital de Jorge Guillén y la voltereta brillante, sonora, contundente, casi publicitaria, del último verso, que bien podría ser el título de otro libro. (570)

LA PATRIA DEL AIRE Y LA MAÑANA
donde quiera Dios que vibre el alma.
Abandona ya las sombras, y los versos
no adentres más en subterráneos ni irrespirables grutas.
Que sus mariposas ciegas no te asusten
ni tu cuerpo más golpeen. Busca
el aire y la mañana, la luz
con que puede ser patria. El arte
puede ser también vida que restalla.
Pensad sino en Guillén y en su aire,
que es en verdad profundo y también nuestro.
Así pueda ser alguna vez también el de algún poema
que con temblor mis dedos han trazado.
Como sueño en el poema el vivir levanto.
Para vivir yo canto.

(Palabras pronunciadas en la presentación del libro Hasta el final camina el canto de Santiago Montobbio en el Aula dels Escriptors de la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña en el Ateneu Barcelonès el 19 de marzo de 2015)

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